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Posts etiquetados ‘amigos’

Ella es un hámster

hamsterNo lo evito. Vuelvo a entrar una y otra vez a su blog para leer la misma entrada. Ella se declara un hámster. Dice que come mucho y al final justifica que tiene que ingerir más alimentos porque las personas inteligentes necesitan saturarse, o sobresaturarse, porque el cerebro, claro, trabaja más.

Me da gracia, mucha gracia ese post. Lo leo, vuelvo sobre él, porque dice que ni su hermano la invita a comer en restaurantes, que es más barato pagarle el funeral que un almuerzo.

Pero sobre todo me río porque ella es, en verdad, un hámster. Ve comida y ya está diciendo: “¡qué rico es comer!” (sin haberla probado), no engorda ni una libra (claro, porque todo se va para su cerebro, recuerden…) y vacía un plato detrás de otro.

Aun así, cuando estuvo en mi casa, mi abuela se compadecía de su delgadez y le servía mucha comida. Ella lo ingería todo y cuando mi abuela regresaba el plato estaba lleno, pero no “todavía lleno”, porque era la segunda vez que se servía. Entonces mi inocente abuelita, pensando que ella había comido poco, le decía y repetía: “¡tú no comes nada!”

Y yo asombrada, embobada: “¡cómo que no comeeeee!” pero la inocencia es así para las personas inocentes y mi abuela no me cree que ella es un hámster, y sigue pensando que ella, pobre muchacha delgadita, no come nada.

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huéllame

oso del cariñoHuéllame. Me dice y lo miro. No me mires, huéllame. Me río. No te rías, huéllame.

Y con tal persistencia, como si fuera el Principito pidiendo que le dibujen una oveja. Huéllame.

Qué… ¿No dices que los abrazos son tu huella? Yo quiero, quiero un abrazo. Huéllame.

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Ánimos

dali_01_83No sé quién es Ely Dorotea, pero me ha dejado un mensaje en Facebook que resucita mis ganas de alimentar este “hijo” que ya tiene un año y medio.

Me cuenta cómo supo de estas botellas. “Sin querer y sin buscar entré a una entrevista que le hicieron a Charly, habló de tu blog y entré. Llevo 4 horas sentadas con la cara empapada leyéndote!!”

Ella, que hace tiempo quiere comenzar su propio blog “para ahogar destierros y dolores” me dice que llegó de trabajar, pretendía comer algo y bañarse, pero pasó por Internet, vio las botellas náufragas y… “me sacaste todas las emociones en dos minutos. Me han agarrado las 10 pm leyéndote y por lo que veo hoy tampoco duermo, voy a hacer una pausa porque necesito hacerme mi tortilla de papa y bañarme, siento que los pies los tengo entumecidos del frío, pero no puedo pararme de aquí…”

Ely no está en alguna geografía cercana a la mía, por eso no nos conoceremos pronto, al menos no personalmente. Mas, ella me hizo recordar a algunos amigos que he conocido gracias a alguna botella, a otros con los que solo me escribo vía email, los que han publicado alguna de estas historias en un medio de prensa… a todos me los recordó en pocos minutos… Será porque ellos, como Ely, también comenzaron por llenarme de ánimo.

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estatua-y-farolaHace días que la hago la visita, elogio las fotos que pone en las paredes y le anuncio, porque siempre se lo anuncio, que me las voy a robar.

“Es que me gustan mucho”, me justifico. Como si fuera así de fácil, que todo lo que nos guste mucho nos lo robamos y punto.

Pero esta vez sí era así de fácil, porque ella colgó las fotos en las paredes del blog, yo lo visité y como en la entrada decía: Yo Me Mi pero…Contigo, pues asumí que ese Contigo era Conmigo y sin que nadie se diera cuenta cometí el delito. Y bueno, como en su cartel de bienvenida dice Contigo…y yo se lo había anunciado, puedo hacer pública mi fechoría sin temor a reclamos ni devoluciones.

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Turn It OffMichel fue el primero en saber qué me sucedía. “Me acaban de decir -o de preguntar, no sé- en tono medio en broma medio en burla, que si mi blog es para causar celos a otros periodistas jóvenes, porque escribo mucho de ti, de Luis Sexto, de Pepe Alejandro, de la profe Miriam…”

Me acababan de sugerir, además, que podía escribir otras historias, las que escucho, y no hacer de mi espacio una suerte de “Leydi y sus amigos”. Aunque esa persona reconoció más tarde que quería conocer a la mayoría de esos amigos, periodistas o no, que le hubiese gustado estar en este o tal cual momento que yo narré…

“Let it be”.

En una frase, en una canción de The Beatles, en un consejo, en esas pocas palabras Michel me pedía cerrar un episodio y me alentaba a seguir escribiendo, en definitiva, de lo que yo quisiera.

Quiero. Quiero escribir porque me desahogo. No reescribía ninguna de estas botellas, ni las concebiría diferentes. Las hago sobre mis amigos, mi familia, de mí… y podría alegar muchas razones que quedarían invalidadas ante una muy concluyente: si las botellas las lanzo yo, entonces las lleno con las palabras que desee.

Pero en verdad, aunque nunca lo he confesado, escribo incesantemente de mis amigos porque tengo miedo. Miedo a que no me alcance el tiempo y se vayan o me vaya sin que sepan que los necesito, que los quiero, que los extraño.

También porque mis amigos, la mayoría, viven lejos de mí -a cientos de kilómetros- y yo a veces me siento sola. Ellos cumplen años y en lugar de entregarles un regalo les dejo una botella al mar. O alguno está triste y no consigo llevarle el hombro de otra forma que esta.

Pero el miedo me invadió en enero del 2012 cuando murió Julio García Luis. A él, con quien había conversado solo en pocas ocasiones, lo vi el día antes de fallecer. El impulso fue de abrazarlo, porque me había ayudado mucho en mi Tesis, por lo buena persona que era; pero el respeto pudo más que el cariño y me contuve. Horas después caminaba entre muchísima gente que también se quedaron con algo por decirle.

Desde entonces no escatimo letras para los que amo. Prefiero el riesgo de repetir nombres o pasar por algún diálogo incómodo, que el miedo a quedar en silencio mientras dejo flores sobre un sepulcro de mármol.

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