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Posts etiquetados ‘cartas’

Carta a St. Claus

niña escribe a manoLa primera y única vez que escribí una carta a los reyes magos yo tendría 7 u 8 años. Entonces pasábamos por lo más especial del período y mi abuela y mi tía cosían mis ropas.

Blusas, vestiditos…todo se hacía en aquellas dos máquinas de coser. Una vez mi tío llevó dos pulóveres anaranjados a casa, uno para su hijo y otro para mí. Dos iguales, pues entonces nadie miraba si el botón estaban del lado derecho o izquierdo que indican que la pieza es para hombre o mujer.

Tuve hasta una trusa roja hecha con un trozo de tela elastizada. Y otras muchas ropas creadas así, con retazos. En casa nunca me dejaron saber las interioridades de la época, si faltaba jabón o detergente, arroz o pan.

Los niños de aquellos años –al menos la mayoría- no supimos de regalos traídos por reyes magos o por algún viejo regordete vestido de rojo y blanco que atravesara el mundo en un trineo para repartir obsequios.

Mas, un día supe que la noche antes del 6 de enero se podía escribir una carta y dejarla debajo de la cama, se debía anotar lo que quisiéramos.

Tomé una hoja de libreta, un lápiz de mi mochila de ir a la escuela, y me cuidé de hacer trazos legibles en aquel papel que rompería indignada días después.

Pedí una sola cosa y lo reyes magos olvidaron pasar aquella noche por mi casa, o a St. Claus se le rompió el trineo antes de llegar, porque al otro día mi “carta” permanecía debajo de la cama. Y mi abuela no tenía ninguna saya nueva.

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Pasamos por algún lugar de La Habana –de cuya calle no quiero acordarme. Se detiene para mostrarme algo y lo sigo. “Mira, ¿tú no dices que te encanta escribir a mano? A que se te quitan las ganas si tuvieras que depositarlas en un buzón como este…”

 

buzón

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Gusto de escribir a mano, letras que van de la piel al papel –como quería Dulce María Loynaz. Recientemente creo haber sorprendido a un amigo con una carta de tres hojas. Sí, creo haberlo sorprendido, pues pensó que era broma cuando le dijeron que tenía una carta mía, y cuando lo confirmó me tecleó: “Una carta, Dios mío. Una carta de puño y letra en pleno desmadre de los impersonales mensajes electrónicos”.

Sí, en pleno tiempo de mensajes electrónicos adoro las letras a mano. Ya lo cantaba Buena Fe: “aunque se inventó la bala/ jamás se olvida la flecha”.

A veces escribo, y al término leo mis cartas y quisiera quedármelas. Solo porque ya tienen nombre en el destinatario, y realmente quiero que otros las reciban, es que resuelvo desprenderme de ellas. De no ser así, creo que conservaría más de la mitad de los papeles donde he escrito.

Sin embargo, uno de mis pesares es no recibirlas. Tengo un Apartado Postal que pago año tras año y reviso semana tras semana, con la ilusión de siempre: encontrar una carta.

Pero no, solo tengo -algunas veces- la revista a la que estoy suscrita, y avisos de pago ¿Pagar sin recibir cartas? No importa, ya dicen que mientras hay vida hay esperanza… Por eso hoy dejo mi dirección postal, quién sabe si alguien me ayude a sortear mi sequía de mensajes piel a papel:

Leydi Torres Arias

Apartado Postal # 205

Santa Clara 1.

C.P.: 50 100

Villa Clara

Cuba

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Tardanzas

Conozco un joven que nunca confió en Correos de Cuba cuando sabía que, una vez más, yo me arriesgaba a escribirle mediante mi apartado postal. “Si llega…” Sí, llegaron todos mis mensajes. Por eso me decía que en el servicio de cartas yo era afortunada, tal vez de tantos años utilizando la misma vía, ya me tenían consideración.

Hace meses que no deposito un sobre para que lo lleve un cartero, como últimamente encuentro quien los entregue más rápido… Al menos eso creía yo.

Pero otro amigo bromea sobre la tardanza con que le llega algún mensaje cuando se lo mando con una amiga común… me dice que los últimos abrazos casi lo intoxican, porque distaba tanto tiempo desde el envío, que ya estaban echados a perder.

Yo le digo que no se preocupe, la próxima vez le voy a remitir un huevo de gallina, a ver si le llega hecho pollito.

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Basurero, basurero…

De niña mis padres decían que me habían encontrado tirada en un basurero. ¿A mi hermano también? “Sí, pero él estaba dentro del latón de basura, tú estabas afuera”. Qué crueldad.

¿Entonces yo estaría pasando frío? Seguramente como los niños pobres que presentan por la televisión. Yo nunca recordaba esa etapa de mi vida, pero si mi papá y mi mamá lo afirmaban… ellos no habrían de mentirme, ¿cierto?

Bastaban solo minutos para que ellos me abrazaran y se desmintieran, porque advertían mi tristeza.

Ahora, cuando notan mi gusto por las cartas a mano, a piel, y que llevo sobres con sellos para que las entreguen carteros con uniformes de carteros y silbatos de carteros, mis padres dicen: “tal vez nos confundimos. No, no fue en un basurero, te encontramos, ahora recuerdo, en un buzón”.

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