Dice mi primo que yo nací para hacerlo pasar penas. Y lo dice sin rencor. (Creo)
¿Será por aquel día que se me rompió el zapato y caminamos por todo el boulevard? Él insistía en regresar a casa por otras calles menos concurridas, pero debíamos caminar más y mi zapato descosido necesitaba ahorrar pasos.
¿O será por aquella vez enla Feria del Libro? Le dije que estaba esperándolo en el parque. Mi primo tenía fobia a las multitudes. Yo, mientras él llegaba, entré a una librería. Casi enloquece cuando llegó y no me vio. Imagínense, solo entre tanta gente desconocida, capaz que alguien se lo hubiese comido…
Podría pensar en un montón de situaciones en las que mi primo pudo enrojecer, pero él se remite a la inicial, a la inauguración de todas esas penas que le he hecho pasar. Saca una foto y me muestra, como prueba, nuestra primera imagen juntos.
Yo desde mis dos años vivía pendiente de sus primeros meses. Dicen que no hacían falta alarmas en la casa, yo avisaba: “el niño se despertó”, “el niño está llorando”…
A la hora de bañarlo, yo casi me caía dentro de su palangana, y ahí estaba a la hora de vestirlo. El día de esa foto yo noté que al niño, sobre la cama, le faltaba un pequeño detalle. Y hasta allá fui con una mota llenita de talco. El fotógrafo apretó el obturador en el momento en que yo ponía la mota sobre la cara de mi primo. ¡Qué pena!
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