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Posts Tagged ‘mensajes’

Poesía eres tú…

primosMe regalaron una agenda preciosa. Única en el universo, pues la elaboraron a mano. Me la entregan con un pedido inusual: “para que anotes tus poemas”. Y le confieso que de veras no los escribo, que leo sacos de versos porque adoro la poesía pero que a mí simplemente no me salen.

Me parece que quedaré eternamente copiando poemas para regalar. Pienso entonces en cuatro personas por las que con gusto transcribiría hasta la Ilíada.

Cuatro personas ahora mismo lejanas en la distancia, pero muy cercanas en la sangre. ¿O acaso los primos, cuando se les quiere como a hermanos, no están siempre cerca? A juzgar por sus edades, ninguno es contemporáneo conmigo. Una tiene 14, otro 12, una 8, y otra 2 años. Pero entre risas, juegos y ternuras, los números y el tiempo se achican.

Ellos -todos y cada uno de mis primos- me hacen desear un día más a fin de verlos. A fin de abrazarlos, de mimarlos.
Porque “Los amorosos juegan a coger el agua,/ a tatuar el humo, a no irse.” Y “Si dices una palabra más,/ me moriré de tu voz,/ que ya me está hincando el pecho…”

Les diría en estrofas de Neruda que “Amo las cosas loca,/ locamente./ Me gustan las tenazas,/ las tijeras,/ adoro las tazas,/ las argollas,/ las soperas,/ sin hablar, por supuesto,/ del sombrero./ Amo todas las cosas,/ no sólo las supremas,/ sino las infinitamente chicas…”

Y que “No sé si me olvidarás, / ni si es amor este miedo; / yo sólo sé que te vas, / yo sólo sé que me quedo.”
Porque extraño sus rostros como “Mirar el río hecho de tiempo y agua/ Y recordar que el tiempo es otro río,/ Saber que nos perdemos como el río/ Y que los rostros pasan como el agua.” O porque Tengo una soledad
tan concurrida/ tan llena de nostalgias/ y de rostros de vos…”

Decirles como Benedetti: “Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo/ y eso en verdad no es nada extraordinario/ vos lo sabés tan objetivamente como yo”.

Porque además, si alguno de ellos cuatro me preguntaran qué es poesía, yo podría responderles a cada uno con el efecto que causan en mí el extrañarlos tanto, el quererlos tanto. Tendría que auxiliarme de Bécquer para al fin responderles: “Poesía eres tú”.

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Buika  El Último TragoRegreso al disco “El último trago” de Concha Buika y Cucho Valdés casi religiosamente. Se lo escribo para confesarle que de cuanta música me ha regalado, esta me trae embobecida.

Me he reencontrado con las musarañas que conocí gracias a Chavela Vargas y Joaquín Sabina. Las musarañas que me llevan a pasear por algún tramo inexistente de las nubes.

Es como si las palabras de Concha Buika me salieran a mí. O como si -mientras escribo- el teclado de la computadora fuera el piano de Chucho. En eso pienso, y más, cuando llega su mensaje.

“Son canciones tristes, ¿es triste mi recuerdo?”

Rememoro sus manos y su voz, que también llegan con las manos de Chucho y la voz de Buika. Pero no respondo. Sería una herejía distraerme ahora que la soledad de la habitación acepta compartir conmigo “El último trago”.

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Si no supiera…

seabottles-arroja-tu-botella-al-marMe tientan al enviarme esta foto. Si no supiera a quién le escribo… entonces embotellaría mis mensajes, los pondría en un saco (no el del “hombre del saco”), no los confiaría a ningún cartero… los pondría en un saco, y me iría a lanzarlos lejos, al mar.

Si no supiera a quién le escribo me haría un blog y después de varis días pensando en un nombre, le llamaría Botellas al mar. Tendría personas a quien quisiera ver antes de un naufragio, algunos de ellos tendrán blogs y yo los enlazaré. A otros les seguiré dejando cartas a mano, mensajes en papeles…

Si yo escribiera sin saber quién me lee, seguramente ahora mismo estaría tecleando este mensaje.

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primosDespués de tantos días de silencio, de estar apagada y solo dedicarle tiempo a la lectura, hice un repaso de los sucesos de los que había dejado de escribir.
Otro pelotazo del pitcher Vladimir García a Lorenzo Lunar en partido de Pinar del Río contra Villa Clara (por cierto, el pobre Lunar parece que llegó a la Serie Nacional este año a recibir golpes, porque en su último juego le desfiguraron el rostro a batazos), la muerte del trovador Santiago Feliú, el nacimiento del bebo de Charly Morales, y del tribilín de una prima de mi padre, el festival de teatro de pequeño formato en mi ciudad…

Pero de todo lo humano y lo divino que aconteció en este tiempo, lo que más lamento de mi silencio es haber pasado por alto el cumpleaños de mi bebé. (Bueno, biológicamente no tengo hijos, ni he quedado embarazada alguna vez…)

Mi bebé cumplió 12 años el 7 de febrero, cuando yo estaba lejos de las teclas de alguna computadora, de actualizar el blog, o de desearle un buen día. Lo olvidé… porque en esos días me olvidé de muchas cosas (algunas veces hasta de comer) y ahora que regreso no sé cómo hacer para que me perdone.

Mi bebé es un niño guapo, alegre, travieso, y a cada “bebé” que le digo me responde con un “mami”…que solo a él le permito. Lo cargo, lo llevo a mis espaldas, le hago fotos en la playa, le digo que lo voy a dormir porque es mi pequeño…pero ¿de qué vale todo eso si me he olvidado de festejar su nacimiento?

La vida –ya lo dijo John Lennon una vez- es aquello que pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas. Me apagué por la decepción que me causaron algunos seres. Ya no quiero que mis momentos con las personas que sí quiero se vean afectados por las personas de las que puedo prescindir. Hoy quisiera que el almanaque me devolviera el 7 de febrero y poder felicitar a mi niño. No quiero volver a perderme de los días importantes de mi familia, de mis amigos, de mi bebé.

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niño con botellaHace mucho tiempo leí y guardé la parábola de un burro que cayó en un pozo. El dueño consideró que el burro estaba viejo, el pozo había que sellarlo…y decidió convocar a sus vecinos para que lo ayudaran a echar tierra sobre el hueco y de paso, sepultar al animal. Al principio el burro lloró, pero ante el asombro de todos los que miraron cuánto faltaba para terminar, el animalito estaba cerca del brocal: con cada golpe de tierra, el burro se sacudía y daba un paso hacia arriba, hasta que llegó al borde y salió trotando.

El último párrafo de esa historia advierte: cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos. Usa la tierra que te echan, y sale adelante.

En estos días una persona que quiero mucho me contó de grandes decepciones, deslealtades, de amigos que al final no eran tales. Otro me repitió hasta no cansarse que todo pasa. Releí un email del 2009, donde un periodista grande me escribió: No te desanimes. ¿A quién las cosas no le han salido bien una vez y otra vez? Lo importante es levantarse, sacudirse el polvo de las rodillas y seguir. Como el Quijote que a quienes lo llamaban loco, él respondía: Yo sé quién soy. En efecto, saber quién es uno y qué busca y quiere. Eso es lo importante. Incluso aunque uno esté en minoría, hay que vivir solo con la minoría. Ese es el mérito (…) Nunca olvides, para que te sirva de acicate, que nadie le da patadas a un muerto. Hay que estar vivo, muy vivo, para que otros se dediquen a golpearte.

Desde que escribí Apagada, me llamó la atención -entre otras cosas- que al blog siguieran llegando comentarios, los enlaces continuaran, y sobre todo…que varias personas se suscribieran. Eso devuelve las esperanzas hasta a la más apagada.

A partir de la primera botella, en octubre del 2011, he tenido problemas para actualizar. Algunas veces programé, otras pedí de favor que me dejaran diez minutos en una computadora. Le envié los textos y las fotos a una amiga para que ella los subiera cuando yo no podía… ni enferma dejé de escribir y buscar alternativas para publicar. Entonces, no será ahora –que puedo encargarme más de estas Botellas al mar- que renuncie.

Me alejé el tiempo necesario para leer hasta que los ojos dolieran, pensar cómo recuperar los pedazos míos que regalé y que pisotearon.

Conversé con los que quiero y respondí los correos necesarios. Fue bueno el silencio de la mayoría, sobre todo de quienes se supieron aludidos y desaparecieron (como debían). No más fantasmas.

Ya lo escribió Ítalo Calvino, en Las ciudades invisibles: El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es el infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.

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Descripción

librosUn incienso. Una taza con café. Un vestido que cubre las rodillas y cae ancho. Pelo suelto. Estoy en mi habitación con todo el lujo que necesito: una cama y un librero. Ya puedo escribir.

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Pedidos

escribirHoy llegué a una oficina a hacer un pedido especial. Sí, seguramente era especial porque me miraron como si quien estuviera ahí parada no fuera una muchacha pequeña, sino un bicho raro, ¡rarísimo!

Yo no los conocía, pero tenía la urgencia de escribir, y en mi bolso por primera vez no había ni una libreta ni una bendita agenda. Parece que hoy salí de casa poco preparada para las ideas que se me agolpan.

No pasé del umbral de la puerta de aquella oficina desconocida, pero todos los que estaban voltearon a ver quién era la que llegaba con una petición semejante, y me miraron fijo.

Yo solo les solicité –les rogué casi: “por favor, ¿pueden regalarme un papel?”

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