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¿Qué me perdí?

primosDespués de tantos días de silencio, de estar apagada y solo dedicarle tiempo a la lectura, hice un repaso de los sucesos de los que había dejado de escribir.
Otro pelotazo del pitcher Vladimir García a Lorenzo Lunar en partido de Pinar del Río contra Villa Clara (por cierto, el pobre Lunar parece que llegó a la Serie Nacional este año a recibir golpes, porque en su último juego le desfiguraron el rostro a batazos), la muerte del trovador Santiago Feliú, el nacimiento del bebo de Charly Morales, y del tribilín de una prima de mi padre, el festival de teatro de pequeño formato en mi ciudad…

Pero de todo lo humano y lo divino que aconteció en este tiempo, lo que más lamento de mi silencio es haber pasado por alto el cumpleaños de mi bebé. (Bueno, biológicamente no tengo hijos, ni he quedado embarazada alguna vez…)

Mi bebé cumplió 12 años el 7 de febrero, cuando yo estaba lejos de las teclas de alguna computadora, de actualizar el blog, o de desearle un buen día. Lo olvidé… porque en esos días me olvidé de muchas cosas (algunas veces hasta de comer) y ahora que regreso no sé cómo hacer para que me perdone.

Mi bebé es un niño guapo, alegre, travieso, y a cada “bebé” que le digo me responde con un “mami”…que solo a él le permito. Lo cargo, lo llevo a mis espaldas, le hago fotos en la playa, le digo que lo voy a dormir porque es mi pequeño…pero ¿de qué vale todo eso si me he olvidado de festejar su nacimiento?

La vida –ya lo dijo John Lennon una vez- es aquello que pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas. Me apagué por la decepción que me causaron algunos seres. Ya no quiero que mis momentos con las personas que sí quiero se vean afectados por las personas de las que puedo prescindir. Hoy quisiera que el almanaque me devolviera el 7 de febrero y poder felicitar a mi niño. No quiero volver a perderme de los días importantes de mi familia, de mis amigos, de mi bebé.

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niño con botellaHace mucho tiempo leí y guardé la parábola de un burro que cayó en un pozo. El dueño consideró que el burro estaba viejo, el pozo había que sellarlo…y decidió convocar a sus vecinos para que lo ayudaran a echar tierra sobre el hueco y de paso, sepultar al animal. Al principio el burro lloró, pero ante el asombro de todos los que miraron cuánto faltaba para terminar, el animalito estaba cerca del brocal: con cada golpe de tierra, el burro se sacudía y daba un paso hacia arriba, hasta que llegó al borde y salió trotando.

El último párrafo de esa historia advierte: cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos. Usa la tierra que te echan, y sale adelante.

En estos días una persona que quiero mucho me contó de grandes decepciones, deslealtades, de amigos que al final no eran tales. Otro me repitió hasta no cansarse que todo pasa. Releí un email del 2009, donde un periodista grande me escribió: No te desanimes. ¿A quién las cosas no le han salido bien una vez y otra vez? Lo importante es levantarse, sacudirse el polvo de las rodillas y seguir. Como el Quijote que a quienes lo llamaban loco, él respondía: Yo sé quién soy. En efecto, saber quién es uno y qué busca y quiere. Eso es lo importante. Incluso aunque uno esté en minoría, hay que vivir solo con la minoría. Ese es el mérito (…) Nunca olvides, para que te sirva de acicate, que nadie le da patadas a un muerto. Hay que estar vivo, muy vivo, para que otros se dediquen a golpearte.

Desde que escribí Apagada, me llamó la atención -entre otras cosas- que al blog siguieran llegando comentarios, los enlaces continuaran, y sobre todo…que varias personas se suscribieran. Eso devuelve las esperanzas hasta a la más apagada.

A partir de la primera botella, en octubre del 2011, he tenido problemas para actualizar. Algunas veces programé, otras pedí de favor que me dejaran diez minutos en una computadora. Le envié los textos y las fotos a una amiga para que ella los subiera cuando yo no podía… ni enferma dejé de escribir y buscar alternativas para publicar. Entonces, no será ahora –que puedo encargarme más de estas Botellas al mar- que renuncie.

Me alejé el tiempo necesario para leer hasta que los ojos dolieran, pensar cómo recuperar los pedazos míos que regalé y que pisotearon.

Conversé con los que quiero y respondí los correos necesarios. Fue bueno el silencio de la mayoría, sobre todo de quienes se supieron aludidos y desaparecieron (como debían). No más fantasmas.

Ya lo escribió Ítalo Calvino, en Las ciudades invisibles: El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es el infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.

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Descripción

librosUn incienso. Una taza con café. Un vestido que cubre las rodillas y cae ancho. Pelo suelto. Estoy en mi habitación con todo el lujo que necesito: una cama y un librero. Ya puedo escribir.

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Pedidos

escribirHoy llegué a una oficina a hacer un pedido especial. Sí, seguramente era especial porque me miraron como si quien estuviera ahí parada no fuera una muchacha pequeña, sino un bicho raro, ¡rarísimo!

Yo no los conocía, pero tenía la urgencia de escribir, y en mi bolso por primera vez no había ni una libreta ni una bendita agenda. Parece que hoy salí de casa poco preparada para las ideas que se me agolpan.

No pasé del umbral de la puerta de aquella oficina desconocida, pero todos los que estaban voltearon a ver quién era la que llegaba con una petición semejante, y me miraron fijo.

Yo solo les solicité –les rogué casi: “por favor, ¿pueden regalarme un papel?”

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molestaMe desespera no tener ni una línea nueva en su blog. Le reclamo entonces –casi le exijo- que debe actualizar, porque me tiene seca de lecturas recientes, que a este paso me deshidrato.

Le reprendo por teléfono, por correo y hasta le emplazo en Facebook. ¿Cuándo? ¿Cuándo? Y ante tanta insistencia accede a escribir, pero luego vuelve al silencio y yo a la desesperación.

¿Cuándo? ¿Cuándo? Sé que si continúo en este plan de niña majadera pronto no me responderá ni al: “tun, tun” cuando yo llego…ni me abrirá la puerta de su buzón siquiera…

Tarda en dejar otro tintineo y yo, de insensata, ando reclamando hasta el cansancio. Majaderías mías, las consecuencias de haberme hecho adicta a leer lo que escribe. Majaderías que me ciegan y agotan hasta la última dosis de la paciencia benedictina.

¿Cuándo? ¿Cuándo? Ah, pero debo aguardar, porque la definición de persona ocupada le asienta muy bien. Escribe para un periódico, sale de coberturas en los momentos más insospechados, no tiene horarios para terminar la jornada laboral…Cocina, lava, limpia, lee, se conecta un rato a las redes sociales, y se escapa del mundo cuando tiene entre sus brazos al Dieguito que ha convertido en sobrino.

Ya no le reclamaré más, aunque en verdad esto no podría prometerlo, pues sé que si en unos días no encuentro letras nuevas en su blog, terminaré por lanzarle otra botella con un lazo grandote amarrado donde se lea: ¿Cuándo? ¿Cuándo?

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