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Posts etiquetados ‘niños’

¡Wow!

sorpresaEn ómnibus, entre dos provincias, el viaje se hace extenso y a veces aburrido. Aquella tarde el mío resultó…grrrr

Yo iba en el asiento 4, casi de chofer iba. Detrás, justo detrás de mí, dos niños con su abuela. Los nenes eran hermanos, o primos, no sé. Solo que se iban a pasar una semana en casa de alguna prima.

No habíamos salido de la ciudad y los niños comenzaron a impresionarse –o a redimensionar su asombro- de todo cuanto veían. Y lo manifestaban con una voz que al principio pensé que era broma, pero la mantuvieron durante todo el trayecto. Era como escuchar a dos personajes de dibujos animados.

-“Mira ese parque”.
-“¡Wow!”.
-Yo quisiera estar ahí, jugando con las estatuas.
-Sí, ¡wow!
-Abuela, ¿cuándo nos vas a llevar a la piscina?
-Sí, que queremos ver si encontramos pececitos, ¡wow!

Y la voz salía –de uno u otro- como la de los muñequitos de Dora la exploradora, o Diego, o…esas caricaturas que apelan a la participación de los niños.

-¿Cuántas estatuas hay en ese parque?
-Una, dos, tres… ¡wow!
-Abuela, una adivinanza: ¿Qué es amarillo, está alto y tiene tentáculos?
-Este…no sé
-¡El Sol, abuela!
-Pero no tiene tentáculos, sino rayos…
-Wow, abuela, otra adivinanza entonces: ¿Quién es una vieja gorda y ciega?
-No sé
-¡Tú, abuela! ¡Wow!
-Pero yo no soy ciega
-¿Ah, no? ¿Y por qué usas espejuelos?

Y así durante más de cuatro horas de viaje. Yo llevaba un libro, yo llevaba música, audífonos…pero nada aplacaba aquella situación. Cuando llegamos, en la Terminal una muchacha esperaba a aquellos dos niños y a la abuela.

Yo conocía a esa joven. La saludé y solo de pensar los días que le esperaban tuve deseos de decirle: “¿Así que tú eres la prima de estos nenes? ¡Wow!”

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Besos

the-kid-charles-chaplinDice mi abuela que él es un “chiquillo muy enamorado”. Tiene 4 años, aún no va a la escuela, tiene un hermano menor que él, y le gusta que lo besen las muchachas grandes.

Mi abuela fue a visitar a su mamá que está recién operada. Él le preguntó por mí. Mi abuela le dijo que yo iría después, pero que ahora le mandaba un beso.

“Sí, Leydi siempre me está mandando besos –le protestó el niño- pero no acaba de venir a dármelos”.

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Latoso

niña brava botellaDe niña me encantaba jugar con mi hermano y los demás muchachos del barrio. Éramos como 12 entre hembras y varones. Nos dividíamos en dos grupos y corríamos como policías y ladrones, y aunque tuviéramos una pistola plástica que hiciera algún sonido, teníamos que disparar con la boca…pá, pá, pá… y para garantizar que el otro hubiese escuchado: ¡te maté!

Así crecí, esperando que llegara el fin de semana para irme a casa de mis padres a “mataperrear” con mi hermano y los otros niños que yo veía de viernes a domingo.

Los turnos de jugar a las casitas, con cuquitas o muñecas fueron menos. Los varones siempre nos convencían de que sus juegos eran más divertidos y terminábamos por unirnos en un team de pelota, una competencia de bicicletas, un diálogo de carritos o cazando lagartijas que soltábamos a los diez minutos.

Fuimos niños felices, nos revolcábamos en un colchón de flores blancas que el otoño sacudía, aprendimos a subir árboles y lucíamos muy orgullosos nuestras rodillas marcadas de cicatrices que pronto pasaron de ser “un ya-yai” a “na, me caí”.

Mientras los demás lo hacían en un papel, nosotros tuvimos una acera para dibujar y jugar a los ceritos y al ahorcado…

Solo nos poníamos muy competitivos cuando nos repartíamos en dos equipos, entonces era como si estuviéramos decidiendo la Serie Nacional.

Pero aquella mañana obtuvimos una victoria algo turbia, que no confesé. El día antes mi equipo había perdido en las palabras ahorcadas. Esa noche busqué en el índice por la L, que es la letra de mi nombre…

Al otro día yo escribí con tiza sobre la acera: L_ _ _ _ _, segura de que los demás no descubrirían fácilmente la única palabra que me había aprendido del diccionario el día anterior: Latoso.

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Chiquilladas

niñoMi tía mandó para mi casa una lata de leche condensada. Para ti y tu hermano, me mandó a decir.

Como él no estaba yo esperé un día más para abrirla. Un día más en mis días significa mucho tiempo para ingeniar algo.

Aquella tarde yo había recorrido varias tiendas en busca de un tete para el niño de una prima. No encontré. Se lo comenté a mis padres en la noche. “Ah, es fácil –me dijo mi mamá- no tenemos tete, pero puedes llevarle el biberón de tu hermano, que lo tengo ahí guardado”.

Nos reímos, hicimos chistes sobre los días infantiles de mi hermanito y su apego al biberón, a los juegos callejeros, a hacerme jugar a los carritos, pelota y bolas, sin que ni una vez accediera a jugar conmigo a las muñecas, y su vicio de irme a la contraria.

Recordé aquellos años de cansarnos de tanto correr, de competir por entrar de últimos a bañarnos, de robarnos la comida antes de que mamá la sirviera, y aquellas noches en que invariablemente yo agarraba un vaso plástico con leche y mi hermano se acostaba a la espera de su biberón.

¡Ya estaba! Dibujé un biberón en un papel, le puse fechas y firmas, un sello y listo. Al otro día, todos en casa, les anuncio que “estamos todos reunidos alrededor de esta lata de leche condensada para celebrar una ocasión especial. Más o menos por estos días hace 15 años que mi hermano dejó de tomar leche en pomo” y le entrego muy solemne el diploma que lo confirma.

¡Ni hablar! mi mamá le dijo: “sí, ¿te acuerdas, pipo, que yo te la daba?”, mi abuela se moría de risa, y mi hermano se moría…pero de ganas de matarme.

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Papeles, papeles…

culturamasasTadeo tiene un año y unos meses, 17 en total. Ya no llora cuando se queda en el círculo infantil, ni siquiera se resiste a soltarse de la mano materna como al principio, cuando se aferraba y dolía dejarlo allí, porque para las asistentes era uno más entre tantos niños, pero para su madre el único, el pedazo más grande de mundo.

Cada día ve a su mamá entre planes de clases y carpetas de asignaturas, pues ella es profesora en la universidad. “Tadeo, ¿qué está haciendo tu mamá?” le preguntó la tía una noche, para distraerlo mientras la madre terminaba de leerse la conferencia que impartiría al día siguiente. Y el niño, si pensarlo mucho, respondió: “papeles, papeles”.

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