Enrique

Un amigo me llama para romper mis tristezas. A unos minutos de colgar el teléfono marca de vuelta y me sorprende: “¡cuánto tiempo sin hablar!” Y no puedo más que sonreír, porque acabábamos de despedirnos.

Enrique, el amigo de esta historia, no permite que me quede sin escribir, que vague afligida por mis calles tan lejanas a las suyas, ni que haga muchos silencios.

Justo él, con su fama de hombre introvertido que le precede, invierte nuestros roles y sostiene por varios minutos esta conversación donde yo escucho mucho y hablo poco.

Desde que asistimos al encuentro de crónicas en Cienfuegos Enrique destacó por su silencio. Siempre atento a lo que los demás decían, pero incluso en el bullicio se mantenía inalterable. José Alejandro Rodríguez, ya intranquilo al notar que no obtenía una charla de horas, le dedicó un puñado de letras que tituló Los silencios de Milanés.

Con Enrique comparto el amor por las crónicas, el mar, Martí, las pinturas de Van Gogh, el deseo de conocer personas sensibles, de escribir siempre en blogs, yo en botellas y él alimentando su caimán sin muelas mientras sigue el rastro de Pepito Martí.

Lo admiro, pero no se lo digo siempre. Es que si escribo mucho su nombre luego dirá que lo emplazo al citarlo constantemente. Yo le afirmo que si hago una nube de etiquetas su nombre rasgaría alguna de mis botellas.

Pero esta vez, como otras, debo situar su nombre en mi blog y agradecerle. Me llama y logra animarme. Su voz le pone a mi día gris un jarrón de girasoles, como el del cuadro de Van Gogh.

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11 respuestas a “Enrique

    1. Un día, Kyn, un día te hago un post para ti solito. Por esta vez va para otro Enrique, uno que quiso romper mis dos post tristes a Julio García Luis para decirme que siguiera escribiendo, y para darme alguna historia, porque mi almacén estaba vacío de botellas.

  1. Mila es como el enanito de Silvio, va sanando almas y enmendando sueños rotos, no lo sabré yo, Leydita. También he tenido días malos, experiencias de esas que lo dejan a uno con el alma en luto por unos días… pero entonces ha llegado Mila y me ha dicho “¿tienes unos minuticos para irnos a comer un dobo?”, como si fuera un favor que le hago. Y entonces, en cuatro o cinco cuadras de ida y vuelta, me ha devuelto la confianza, la alegría, con el dobo de pretexto. Suertudas nosotras que hemos pescado un amigo así.
    … por cierto, ya hasta yo estaba preocupada por tus silencios, llevo días en el puerto esperando botellas, no nos dejes con sed. Acá se te lee mucho y se te quiere más.

    1. De verdad que Enrique es grande!! (y no solo de tamaño, eh?) Yo tuve el privilegio de robármelo en Cienfuegos para todas partes, para el Muelle Real, para la UNEAC, hasta en la guagua conversábamos. Fue muy bueno, porque hacía dos años no nos veíamos. Es cierto, te cambia el día.
      Gracias por cuanto dices y piensas de mí. Y por leerme siempre. Sé que en Camaguey ya tengo muchos amigos. Abrazos.

  2. Leydi, te imaginaba algo mayor, pero supe por Mila que tienes mi edad. Estudiaste con rogelio? Yo también, pero en el pre. Ves como compartimos amigos, ojalá un día podamos vernos. Besos.

    1. Sí, estudié con Rogelio en el mismo grupo durante 5 años, por eso en los enlaces que hago en mi blog no lo incluyo en los de Muelles de Puerto Príncipe, como a ti, sino en Quienes viajaron conmigo. También de mi aula son Daymaris Taboada, que ahora está en la radio, y Lianet Leandro, que trabaja en la AIN.
      Por cierto, le he preguntado a Enrique quién lleva las crónicas de Barataria, porque me parece muy buen blog. Un abrazo.

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