Sin respuesta

No queda más remedio, voy a agarrar una flor y por primera vez despetalizarla. “¿Despetalizar una flor?”, me pregunta mi mamá mientras repasa su diccionario mental a ver si la palabra existe.

Sí, mami, es como decapitarla, pero en vez de arrancarle de un tajo la cabeza, le quito poco a poco los pétalos. ¿Sabes para qué? Voy a preguntar primero: me quiere, no me quiere…. Y cuando tenga una respuesta afirmativa le vuelvo a preguntar: quién.

Mi hermano nos escucha y dice tener un método más fácil. Va a traerme un cocuyo para que lo interrogue. Debo sacudirlo mientras le pregunto: “¿cocuyito, cocuyito, cuántos novios tengo yo?” y luego ponerlo patas arriba, el número de  saltos que dé es la respuesta… Solo que él me adelanta con picardía: Tata, si el cocuyo salta, no dudes en gritarle: ¡Mentiroso!

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11 respuestas a “Sin respuesta

    1. jajaja, Enrique, es que Kyn es otro Enrique, el que creyó verse cuando te dediqué un post de girasoles de Van Gogh. Tú eres Enrique y él es Kyn, ¿entiendes? jajaja Tú tienes caimán sin muelas y buscas a Pepito Martí, él tiene una Torre…Un abrazo largo.

  1. ¡Vaya confusión! Enrique (el otro), no te preocupes. Yo casi renuncié a mi nombre por ese apodo de extraña grafía y fácil pronunciación. Leydis, lo del cocuyo siempre me pareció cruel. Lo de la flor no tanto. Esto lo escribí hace unos días, creo que a mediados de enero.

    ORÁCULO FLORAL

    —Me quiere…,
    no me quiere…
    Me quiere…,
    no me quiere…

    —¿Quién? —interrumpió.

    —No sé. Quizás venga escrito
    en el último pétalo.

    Creo que tiene algo que ver con tu más reciente post. Saludos.

  2. Leydi: después del trabalenguas, solo tengo algo que añadir: no conozco a mi tocayo santaclareño, pero en todo caso satisface cuando a uno lo confunden con alguien de talento y, como te comenté en alguna conversación, este es el caso. Me parece muy bien cómo levanta esa torre de palabras.

    1. Bueno, yo, que los conozco a los dos, puedo garantizar que ambos son muy talentosos. Además, me gusta conversar con los dos Enrique. Ya ven, me quedo entre caimanes sin muela, Pepito Martí y La Torre… tengo buena compañía, y como ya dicen…el que a buen Enrique se arrima…

  3. Enrique —que de ahora en adelante no será más Enrique el Otro—, para terminar la confusión apelo a algo que leí una vez en un diccionario de nombres propios donde no aparecen nombres sin prosapia como Yunielesky, Andromaikel (son nombres reales, créeme). Dice el diccionario que Enrique tiene una raíz germana y significa padre, o cabeza, de familia. Yo no sé mañana, pero ahora mismo, la idea de ser líder de manada me espanta. Otra razón: no me desagrada mi nombre, pero una vez escuché que el nombre de uno es que se le pone a algún hijo, yo escojo quedarme con el apodo, sociológicamete correcto, pues surgió de mi contacto con la gente de mi pueblito. Así que renuncio, Enrique —ya nunca más El Otro.

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