Niña, ¡boba!

A mis 17 años, dos meses y unos días hice un descubrimiento, como Cristóbal Colón. Claro, el viaje no fue tan largo ni por mar.

Estábamos en la Vocacional, y antes de terminar el grado 12 debíamos cumplir con el ritual de subir al lomo del Escambray para llegar a Caballete de Casas, la comandancia del Che en la zona central.

Los preparativos resultaban muy entretenidos pues según la tradición, los varones debían hacerse pinchos con el pelo, y las hembras tejerse trencitas. Después vendrían las instrucciones: “lleven caramelos, agua, sábana y vístanse con pantalón, unas botas, camisa de mangas largas… porque son 56 kilómetros de ida y vuelta. Vamos a acampar en la yerba, o en portales de las casas, para bañarse está el río, se duermen a las 11:00 pm, porque el de pie es a las 3:00 am para retornar… Así que además, el que tenga linterna la lleva, porque la va a necesitar”.

Mi pelo, lacio y finito, se resistía a las trencitas que debía llevar, y mis amigas necesitaron una sobredosis de paciencia para ocuparse del asunto la tarde antes de partir.

La guagua nos acercó, en la madrugada siguiente, solo hasta una llanura donde ni siquiera se divisaba la falda de la montaña. ¡56 kilómetros! Mis pies aún recuerdan la escalada, la noche en el poblado, los tropiezos en el camino oscuro del regreso.

Pasadas las 5:00 am llegamos a la casa de un campesino, donde estaba previsto el desayuno: un huevo hervido y un vaso de refresco. Mientras esperaba el turno para alimentarme, oí el canto de un gallo. Bueno, es normal, lo más normal del mundo que hubiese un gallo, ¿verdad? Pero ahí vino mi descubrimiento: el canto no venía de la tierra, no, el sonido llegaba claro, pero de arriba. ¿Arriba dónde?

Esa tarde, ya en mi casa, mientras mi mamá y mi hermano se ocupaban de quitar una a una mis trenzas y dejarme el pelo como Pablo Milanés en la década del ´80, le dije a mi papá: “Qué cosa más extraña vi, allá en las montañas los gallos y gallinas duermen arriba de los árboles. ¿cómo podrán treparse? ¡tú sabes lo que es eso!”

Y mi papá, nacido y criado en el campo, como ya había visto mi “descubrimiento” repetidas veces, no paraba de reírse y decirle a mi madre: “es verdad lo que tú dices, esta niña es medio boba”.

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23 respuestas a “Niña, ¡boba!

  1. jajajaja genial ya veo que estamos conectadas , por cierto 56 kilometros yo me muero jajaja si al Turquino fueron 11 pa arriba y once pa abajo te imaginas y ya en el paso de los cadetes me fundí. por cierto gran descubrimiento jajajaja quizás yo sea otra niña boba! jajaja un beso

  2. un pequeño grupo de amigos antes de ese ritual de subir a Caballete, decidimos ir al Escambray, recuerda que soy mayor que ustedes en ese entonces no existian las bases de campismo y cogimos una guagua hasta Fomento, luego Agabama y a caminar, perdidos en esos lares nos encontramos a un campesino y le preguntamos por un sitio donde pensabamos acampar, nos respondió amigablemnte , le insistimos cuan lejos podria estar y su respuesta nos dejó perplejos, na al cantío de un gallo, todavía recordamos lo que eso significa, seríamos tambíen nosotros niños bobos por pensar que el gallo cantaba cerquita

      1. oye, yo pasé por el ritual de Caballete en 1996 creo, y sospecho que los gallos en fomento son barítonos, porque mira que llega lejos su cantío… una bonita experiencia, la crónica en el cementerio del pedrero me tocó escribirla a mi, pero como tantas otras, cuando la leí estrujé el papel y lo boté…

  3. mi vida, siento mucho desilisionarte pero fue mi mami quien escribó el comentario anterior. el problema es que todavía no está muy “ducha” en estos menesteres electronicos y puso su correo pero olvido cambiar el nombre y salio lente compartido.
    este sí es mi comentario: de boba ni un pelito tienes… de imaginación mucho, y bien que nos haces con cada botella.
    un besote
    ahora sí de Krlos y su Lente Compartido

    1. jajaja, qué confusión!! Bueno, de todas formas, debe ser porque mencionas tanto a tu mami que sus comentarios salen con tu nombre. Ah! y otras “de todas formas”: hoy traigo un post donde los menciono a ambos… Un abrazo y te quiero.

    1. Sí, dice mi papá que les ponen una escalera pegada al árbol, y así les facilitan el ascenso… pero como yo nunca había pernoctado en el campo, aquel día me sorprendió que el gallo cantara desde arriba..y cuando miré, aquello era una fila completa de pollos!! qué susto, josú…

  4. Ya Leydis e Izmatopia saben que los gallos y gallinas, por orden natural de las cosas, duermen en los árboles. Apunto algo importante: estas aves pueden defecar mientras duermen, así que, muchachas, cuidado con dormirse ustedes debajo del «árbol del gallo y las gallinas».

  5. Niña!!! esas historias no se escriben… parece mentira!!! voy a llevarte una semanita conmigo a La Caoba, a ver si aprendes a ordeñar vacas 🙂

  6. Leydi, en mi primer año de la carrera (Comunicación Social en la Universidad de La Habana), por mi grupo hicimos un viaje a Sancti Spíritus y subimos Caballete de Casas. Para mí una experiencia inolvidable, grande. Gran sorpresa para todos cuando descubrimos que desde la cima y a lo lejos se veían unos charquitos de agua (el guía nos explicó que era la Presa Zasa), todavía cierro mis ojos y me vuelven esas imágenes a la mente. Yo también soy del campo y debo reconocer que muchas imágenes, sonidos, olores me soprendieron en aquel viaje…

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