Declaración de adicciones

Amo las cosas loca,
locamente.

Pablo Neruda

 

 

Soy adicta a los parques. Todos, con bancos, con estatuas…me atraen.

Soy adicta al mar, y por eso me escapo a ellos siempre que puedo.

A los libros, al olor de la tinta pegada al periódico, a escribir a mano, a las obras  de muchos pintores y a las historias de muchos escritores.

A la sinceridad, a los amaneceres, a los atardeceres. (Los atardeceres me provocan deseos de besar, aunque nunca bese a nadie en un atardecer).

Soy adicta al té, al café, a la lluvia, los museos, a caminar descalza por la playa, a los discos de soul, jazz, música clásica, trova, y a cuanta música que quieran darme. A los abrazos.

A las almendras, las frutas, las flores (todas las flores), las artesanías, los inciensos, las velas.

A la amistad, la confianza, al amor. Al amor sin pintar corazones en libretas. Al amor estilo Sabina: “porque el amor, cuando no muere mata,  porque amores que matan… nunca mueren”. De esos que apuestan “que todas las noches sean noches de bodas, que no se ponga la luna de miel” (aunque a mí no me haya sucedido, adoro ver a las personas enamoradas).

Al periodismo, a las crónicas, a los abuelos, a conversar largo, a las películas que no lleven el happy end marca Holywood.

Soy adicta a las palabras, a lanzar estas botellas al mar, y a un montón de cosas más… y de personas que ahora mismo no me atrevo a confesar…

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23 respuestas a “Declaración de adicciones

  1. Pues creo que la adicción, en mi caso, es recíproca, la mía y la de mi mami: somos ADICTOS a tus botellas. Creo que por primera vez no quiero curarme de esta “enfermedad”, si es que puede llamarse así. Que me muera en este mar maravilloso rodeado de tus botellas. Te quiero muchooooooooo

    1. Gracias!!
      Lo sé, Galinka y tú, tú y Galinka. Yo creo que tienen algún pacto con los pescadores para que no se les escape mis botellas, eh? ¿o es que las guardan en alguna red? La red de redes, ha de ser… jaja
      Un beso para los dos. También los quiero.

  2. Es fácil hacerse adicto al mar y a los parques, a tantas cosas lindas que mencionas, pero incluso has provocado que me vuelva adicto a ti… y eso es peligroso, jaja.

  3. Hola Leydi! No te conozco, pero no hay nada como en un mundo turbulento encontrar una botella cargada de luz para alimentar el alma y el espríritu, desde ya tengo mi anzuelo listo.

    1. Madre mía!!! Este mansaje quedó dentro de alguna botella ámbar que no revisé. Disculpa por la tardanza en volver sobre estas letras, ahora es que las encuentro.
      Gracias por tu mensaje, por el ánimo, y por el anzuelo. 😉 espero que regreses.

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