Por Michel

Lo confieso: hacía mucho, muchísimo tiempo que no comía delante de la TV.

En mi casa, por suerte, la televisión no es un miembro más de la familia. Podemos prescindir de la “caja tonta”, como le han dado en llamar algunos teóricos europeos. Sin embargo, esta semana no pude resistirme a llevar mi plato delante de la TV.

Mi abuelo, que minutos antes de la comida pasea uno a uno por todos los canales de la televisión cubana, pasó por Cubavisión y su Mesa Redonda. Pocas veces le he prestado tanta atención a ese programa como en estos días, cuando las cámaras me acercaron a un amigo.

Mesa Redonda sobre los Juegos Olímpicos. Y vuelvo confesar: no escuché lo que decía Taladrid, ni Randy Alonso, ni el Joel que estaba en el otro extremo del panel. Me detuve a ver a Michel Contreras, uno de los cronistas que siempre tienen algo que decir. Y me quedé plato en mano para escucharlo.

Balances, pronósticos, estadísticas. El tiempo se me fue, la comida también, y no me di cuenta en qué momento me la comí. Pero me quedó la satisfacción de reencontrar a Michel Contreras sin tener que esperar a noviembre, cuando en Cienfuegos, otra vez crónicas mediante, le abrace y le diga: “Lo confieso: hacía mucho, muchísimo tiempo que no comía delante de la TV”.

 

 

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23 respuestas a “Por Michel

  1. la caja tonta, la nueva hoguera de la familia, el fuego central… solo que ahora no calienta ni nos protege de los lobos y otras alimañas. Quizás sea la ventana por donde entran los demonios o la caja de pandora siempre abierta. Pues bueno, si la caja tonta te trajo a Michel, felicidades. Aunque yo estoy de olimpiadas hasta la coronilla, será por aquello de que tengo que trabajar en ello. Puah!

    1. Ah, ya sé influencias de Alba Rico! jajaja…tremendo, Kyn.
      Así que trabajando en base a las Olimpiadas…que diga: sobre la base de las Olimpiadas… bueno, bueno, pero siempre hay reservar un 10 para ver algo. Un abrazo, Kyn. ¿El café te alivia los malos tragos de la TV? Para tomarnos uno.

  2. Leydi, de verdad que eres un catalizador de la autoestima. Porque una cosa es que me digas que te gustan mis crónicas, y otra muy diferente, que te encares con la Mesa a ver disquisiciones deportivas de un tipo que (no es modestia barata) no sabe hablar en público. Gracias mil. Ya sé que, cuando menos, tengo UNA televidente. Nos vemos en noviembre. Ya verás que el café no se me olvida. Y me voy, que tengo Mesa, jajaja.

    1. ya ves, la Mesa Redonda… los sacrificios que se hacen por los amigos… ¿entonces hoy también me toca comer delante de la TV? Bueno, Michel, todo sea por Michel. Por cierto, ¿viste qué fotógrafa más buena soy? Un abrazo para ti, tampoco se me olvida el café. 🙂

  3. Bueno Michel sabes que cuando estas en la Mesa Redonda me asomo con susto pues eres un periodista CUBANO MUY APASIONADO y frente a la cámara puede pasar cualquier cosa (O.O) jijiji

  4. Leydi: Me sumo a tus apreciaciones, sin llegar a la hipnosis. Michel, además de ser un entrañable AMIGO -algo muy importante- es de esos periodistas perturbadoramente brillantes en el ámbito deportivo y en dondequiera que lo pongan. De la estirpe de aquel Eladio Secades, Elio Menéndez, Manuel González Bello, Pablo de la Torriente Brau, Rolando Pérez Betancourt, y otras etcéteras, aunque no sea enviado especial ni de aquí a los potreros de Guaracabulla

    1. Cierto: perturbadoramente brillante. Vaya, que cuando ustedes tienen un elogio, el uno para el otro, son palabras muy sinceras. El anterior de Michel para ti recuerdo que fue: asquerosamente admirable… jaja. Un abrazo, Pepe, y otro para Michel, aunque quiero dárselos ya, los extraño.

  5. Pepe, cuando lo conviertan en enviado especial dejará de ser perturbadoramente brillante. Entonces habrá un boleto de avión por el medio y otras cuestiones que defender (desgraciadamente) Aunque no sé si él lo prefiera, será mejor dejarlo formando barullo en Cubadebate y dejando caer alguna “chinita” en ciertas Mesas…Leydi, creo que debí haber avistado antes estas botellas en el mar, un beso

    1. Gracias Leticia, por llegar y quedarte en estas botellas. Pero no coincido contigo en algo: Michel va a seguir siendo el mismo aunque retiren a Julita Osendi y lo pongan en su lugar…o sea: viviendo en aviones. Michel, como diría mi hermano: “no se destiñe”, jaja, él es de los grandes. Un abrazo.

  6. Me gustan las crónicas de Michel Contreras y comparto sus análisis sobre deportes. Y bueno es amigo de mi amiga Leydi.

    Pepe, Guaracabulla tampoco es el fin del mundo. Quizá la antípoda de El Vedado, nada más. Vivo allí hace 21 años.

  7. Carlos Alejandro: No lo dije con sentido peyorativo, entre otras razones porque he estado allí, y a fin de cuentas ustedes son el centro de la Isla. Pude decir Baracoa, Trinidad, Punta Alegre o Jatibonico. Y alrededor de Guaracabulla hay potreros, entrañablemente cubanos.

  8. lo que más me gustó de las intervenciones de michel en la mesa es que no fue complaciente… comparto su opinión de que 10 medallas menos es un dato que no debe esconderse detrás del 16to lugar por países que sin duda alguna es muy meritorio… también comparto su opinión de que la referencia no puede ser beijing, que el atletismo se planificó mal y fue desastrozo y de pena su desempeño general y que se echó muchísimo de menos la presencia del voleibol femenino y masculino… él no es hipercrítico, él es analítico e inconforme… y a veces no comparto también sus opiniones pero cuando eso me pasa con un periodista que lo que está diciendo es lo que piensa, su trabajo me interesa… y seguro que la presencia de michel aumentó la teleaudiencia de la mesa…

  9. Pepe, seguramente no leerás este comentario; ha pasado mucho tiempo y ahora reviso esta página de nuevo.
    No, no entendí la alusión a Guaracabulla (o Guaracabuya) en el sentido peyorativo. Siemrpe me ha parecido gracioso que la menciones en algunos comentarios. (De alguna manera alguien se acuerda del pueblecito, jaja).
    ¿Entonces has estado allá alguna vez? Guillermo Cabrera fundó una tertulia de lectores de la Tecla Ocurrente allá. Cada año, el día que marca la mitad, llegan a Guaracabulla muchos de los lectores de Juventud Rebelde.
    Un abrazo.

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