Guaaaaaaaaaaaaaaaaa

Hace tiempo, me contaron la historia de la niña que era muy llorona y ni los perros la querían. “Imagínate que los perros se orinaban sobre sus pies, de tanto que la rechazaban”.

¡Vaya! Debí tener muy aturdida a mi abuela con mis gritos infantiles cuando tuvo que acudir a semejante artimaña para hacerme callar un rato. Solo un rato. A los pocos minutos, cuando yo había recobrado las energías, olvidado aquella historia y el miedo a que me sucediera como a la niña, volvía a mi guaaaaaaaaaaaa…

Hay hasta testimonio gráfico de mis berrinches: todas las fotos de mi primer añito me las hicieran mientras yo navegaba en un mar de lágrimas.

Cuentan mis víctimas que yo lloraba tanto -desde que apenas tenía unos días de vida y hasta la edad de ir a la escuela-, que resultaba insoportable estar cerca y que solo valían las intimidaciones de: “el viejo del saco va  a venir a buscarte si sigues gritando”, “se te va a salir el ombligo”, “Los vecinos nos van a pedir que nos mudemos”. Pero como nunca vino el hombre del saco, ni el ombligo se salió de su lugar, ni nos tuvimos que cambiar de casa, pues yo seguí llorando, cada vez menos por el día y más por las noches.

Mi mamá, que entonces me tuvo poca paciencia, aún exagera y me dice que mi guaaaaaaaaaaaaa aún le late en algún lugar del cerebro.

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16 respuestas a “Guaaaaaaaaaaaaaaaaa

  1. jajajajaja, creo que en vez de Carlitín, de vez en cuando, me decían Cornetín!!!! imagínate por qué. Guaaaaaaaaa, digo, muaaaaaaaaa

  2. bueno aparte de lo que te he contado me tocó el niño más gritón, una vecina de la otra cuadra donde viviamos, entraba a las 5.oo am al trabajo y siempre me decía, cuando pasé en la madrudaga sentí al pequeño llorando y encima la cuna tenía espinas para él, todo el tiempo en brazos, como considro a Mayra, besos

  3. jejeje! eso me recuerda a mi. Cuando mi abuela fue a verme al cunero dijo: “hay pero que niño tan llorón” al ver a un bebé grandote entre todos, dando unos gritos de espanto y cuando mi mamá le dijo que era yo se calló de espaldas. Por varios meses no dejaba de llorar, solo cuando estaba en brazos de mi mamá y todos pensaban que estaba engreída, malcriada pero un día bañándome, mi mamá vio un abultamiento en mi cuellito. Me llevó al médico y descubrieron que era una clavícula que me habían desprendido al nacer.

    Claro que lloraba si me dolía. Malos que fueron! Se me soldó solita y ya no lloré más 😀

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