Julio conmueve

JGLHasta ese día pensé que había venido a La Habana a llorar a Julio García Luis. Esa resulta una forma simplificadora de decir que lo lloré dos veces hasta ese día.

Una vez, cuando la profesora lo mencionó en clases, y yo descubrí que él ya no estaría más por aquellas aulas del Instituto Internacional de Periodismo. Otra cuando no lo mencionaron, y quedó en silencio mi minuto de silencio.

Ya lo había previsto cuando llegué: no podía regresarme a Santa Clara sin ir al cementerio de Colón a visitar su tumba. A los grandes no se les olvida.

¡Fueron tantas las ocasiones que lo había mencionado a los otros alumnos del curso! Pero aquel día terminamos antes del tiempo previsto las conferencias de la mañana. Varios periodistas se alistaron para ir al cementerio a conocer las sepulturas de héroes y personas famosas. Yo me incluí en el viaje, a fin de escaparme hacia el panteón familiar donde reposa Julio García Luis.

Luis, un periodista panameño, compró un ramo de flores -el único ramo que tenía mariposas- y me dice en la entrada: “estas son para el periodista que has nombrado, vamos a homenajearlo”. Y me conmovió. Me conmovió que alguien que no lo conociera apostara por desviar su “rumbo turístico” dentro del cementerio. Iris, la periodista tunera, completó el grupo, y los tres nos desviamos del camino trazado por los demás.

Hasta la capilla mi orientación fue buena. Mas, solo había estado una vez –el día del entierro- y no lograba descifrar ahora por qué calle continuar. Nos perdimos. Estuvimos más de una hora de caminar al sol, en pleno mediodía. Casi derrotados, y de vuelta a la capilla que marcaba el inicio de nuestra búsqueda, Iris y Luis se sientan a descansar un poco. Les pido que me esperen, que debo encontrar el lugar…y escojo otra calle.

Un sepulturero… a él le pregunto por dónde. Le digo el nombre. No sabe. Le digo que fue presidente de la UPEC. No sabe. Le digo que fue decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. No sabe. Le digo que ese fue un entierro en enero de este año, el 13 de enero, y al que vino mucha gente, que yo solo recuerdo que está en uno de los límites. Entonces el sepulturero me asombra, pues acaba de recordar el lugar exacto a partir del penúltimo dato que le doy: “¡sí, me acuerdo, a ese entierro vino muchísima gente!” Y me indica.

Corro hacia la capilla, y casi sin aire les señalo a Iris y Luis que me sigan, que lo encontré, que vamos a poner las flores. Y una vez más estos dos seres me conmueven, pues sin protestar por el dolor en los pies o el ardor de la piel, caminan por la calle conmigo, advertidos de que hay que llegar allá, al final, y doblar a la derecha.

Son muchas, pero recuerdo que está paralela a la calle, y cerca de un árbol grande. Leemos, y sin andar demasiado la leí, la encontré, y por primera vez en todo el tiempo que he estado en La Habana, mencionar a Julio García Luis no me hace llorar. Esta vez hallarlo me alegra tanto como haberlo abrazado.

Lo limpiamos de hojas secas, pusimos las flores, y nos quedamos un rato en silencio. Después de tanto caminar al sol, tanto tiempo de búsqueda, finalmente estábamos ahí, delante de un grande del periodismo cubano. Luis –el panameño- habló muy sereno, esta vez para decir: “si creemos en lo místico, podemos pensar que este señor nos ha querido probar la perseverancia”.

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16 respuestas a “Julio conmueve

  1. A Julio García Luis lo conocí en el año 2008 en un curso que estaba impartiendo. Desde el inicio me impactó su modestia (a pesar de ser uno de los mejores) y las ganas de enseñar. Por eso y por las anecdotas que me narraban los que si fueron sus estudiantes sentí y lloré su partida. Siempre estará en mi memoria.
    A los grandes siempre se les recuerda.

    1. Me sumo al sentimiento Alejandro, si se inscribió en tu vida y no lo has podido olvidar, de seguro debe ser importante para ti y los que escriben, aunque no lo conozcan.

  2. Ay, Leydi, tu texto me sacó las lágrimas. Julio fue una de las personas más importantes de la formación de no pocas generaciones de periodistas y yo lo recuerdo con mucho cariño. Gracias por recordarnos hoy al Dequi…

    1. Por nada…yo lo recuenrod mucho, pues lo vi justo el día antes de su muerte, y me impresionó mucho la noticia. Es cierto lo que dices, Julio García Luis fue -y es- muy importante en la formación de periodistas. Solo hay que no dejarlo morir…

  3. Yo no he tenido el valor de ir al cementerio. Creo que hablamos solo dos veces, pero sus buenos días para mí eran suficiente. No soy de tener héroes, pero ese hombre merece todos los honores del mundo por su humildad. La facultad ha perdido el mejor líder que tuvo.

      1. leydi mientras leía la piel se me erizaba y recordaba todas las veces que lo vi llegar en las mañanas, dar los buenos días aunque no nos conociera a todos, lo veo con su cámara fotográfica grabando cada momento de la facu: los festivales de cultura, los juegos caribe, hasta para asisitir a los interbecas sacaba tiempo; sencillamente su partida nos dolió a todos, hasta a aquellos que no lo conocieron y que hoy lo hacen a través de tus palabras, tus recuerdos y vivencias con el dequi

  4. Pingback: Botellas al mar

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