¡¿Cómo?!

telarañaEsa es la pregunta que me hago muchas veces cuando termino de escribir algo, ya sea a mano o en digital. Y ahora, ¿cómo? ¿cómo lo publico?

Me he quedado con las letras archivadas, a veces se me van de la fecha, así me sucedió con “Una hora”, que escribí cuando tuvimos que atrasar una hora a los relojes y yo me preguntaba qué podríamos hacer con ese tiempo de más…hasta que se me iba, desperdiciado mientras pensaba cómo utilizarlo. O “Los Momentos sin Borges” que no dejé en su natalicio, cuando intenté hacerme eco de algo que María Kodama rectificó en 1995: que Momentos o Instantes, que en Internet le atribuyen falsamente a Jorge Luis Borges en verdad es de la escritora norteamericana Nadine Stair.

Podría amanecer delante de una PC, pero Internet se hace intermitente, y cuando al fin logro administrar, y ver las botellas por dentro, y pego el texto, y voy a subir la foto ¡saz! Se reinició la conexión. Comienzo de nuevo… En el último año ha aumentado mi dosis de paciencia (anteriormente solo superada por las infinitas colas en el coppelia al mediodía).

Mis botellas habrían quedado llenas de telarañas mas, un respiro llegó a kilómetros de distancia, y la posibilidad de enviar mis mensajes por correo para que alguien más las publicara hizo que nombrara a la hermanita como vicepresidenta de la fábrica de botellas, con llave y todo. Y comencé a pasar las botellas por segundas vías.

Y aún lo hago, pero si cada vez que la navegación en Internet se descompone, amor, se descompone, yo lanzara mensajes a través de mi otro par de manos, tendría que pagar una cuota adicional de abrazos, gracias y hasta de algo tan personal e intransferible como… ¡los helados!

Una amiga que sabe de mi tormentoso primer año y que además suele leerme me manda a decir -hijo mediante- que si yo me quejo por no poder actualizar, ella tendría que hacer un acto de protesta porque desde hace meses no logra dejarme comentarios. Y entonces me surge una idea brillante, brillantísima. ¿Por qué no amenazamos a Internet y le decimos que si no nos deja ser felices y blogconectados, lo dejaremos uno de estos mediodías en una larga cola para entrar al coppelia?

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2 respuestas a “¡¿Cómo?!

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