Existen…

Siempre he pensado que con sueño no logro escribir dos párrafos, que ese letargo para mí resulta totalmente improductivo. Sin embargo, en estos días ha sucedido algo curioso.

Cuando ya había hecho pactos con Morfeo para que me hiciera dormir pronto y temprano, he vuelto al insomnio crónico.

Crónico, irremediable. Alguien con nombre y rostro ha deshecho mis alianzas con el sueño.

Me habla, me mira, y después me voy con su voz a todas partes, con sus ojos a todas partes. Llega la noche y lo pienso, y repaso los diálogos, los correos, los mensajes, y entonces los párpados no se cierran.

Es que “tengo un muchacho atravesado entre los párpados. Le pediría que se fuera, pero tengo un muchacho atravesado en mi garganta…”

Y hasta resulta que debo agradecerle, pues aunque duermo menos, me ha dado por llenar de palabras los documentos word, las cuartillas de una libreta, las hojas de una agenda… Escribo y sonrío porque ya sabía de las musarañas, pero nunca pensé que los musos existieran…

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