Michel… ¡me lee!

Michel ContrerasHoy voy a hacer algo que los cirujanos desaconsejan. Incluso cuando les toque encargarse del asunto. Hoy voy a ganarme unos cuantos puntos. (Al menos así se dice en el lenguaje de mi hermano)

Yo a mi hermano: “Tati, a que con esto que estoy escribiendo me gano la atención de Michel Contreras”.

Mi hermano a mí: “Tata, ¿de cuándo a acá tú escribes para anotarte puntos?”

Bueno, bueno… como se diga, lo cierto es que hace como 10 años que no escribo de él. 😉

Michel me lee, y lo sé porque me lo dijo. Quién iba a pensar que él, un “clásico vivo”, como lo llamó su amigo Yamil Díaz, me iba a confesar eso así, en medio de un abrazo. “Te leo, estoy leyendo las botellas” Y yo: “claro, te gustan todas las botellas”, y sonrío porque me refiero a otras. “No, que sabes que ahora hago abstinencia, ahora me gustan las tuyas”.

Michel es uno de los tipos más cultos que conozco, y que se empeña en decirse tipo precisamente porque no se desliga de las calles que recorre cada día. “Si yo fuera director de un medio nacional, a él lo quisiera tener en mi redacción”, me confesó un día Enrique Milanés. “Tener el afecto de Michel es algo grande”, me dijo –en mayor confesión- Luis Sexto. “Es de esos periodistas perturbadoramente brillantes en el ámbito deportivo y en dondequiera que lo pongan (…) aunque no sea enviado especial ni de aquí a los potreros de Guaracabulla”, señaló Pepe Alejandro.

“Y además de todo es lindo”, me dejaron a modo de comentario una de las veces que he escrito de él. Y recordé el día que una estudiante de Periodismo exclamó, cuando vio su foto en mi blog: “¡Ño, qué bueno está¡ ¿quién es ese?”

Por Michel yo he comido delante de la TV, por él he visto la Mesa Redonda. Tenemos muchas coincidencias musicales y una muy importante: el Barça. En Cienfuegos, apenas conocerlo, me compartió las canciones de Sabina en un ómnibus, y siempre que lo veo termino por fotografiarlo. Le digo: “ya tengo un álbum de fotos tuyas, pero es que después cuando siga escribiendo de ti tengo que tener imágenes nuevas, ¿no?”. “Lo que hagas está bien”. Y con esa luz verde yo continúo cámara en mano y cuando el lente se pone insistente Michel asume pose de pelotero y me desafía a una nueva fotografía.

Hace dos días lo contacté para decirle que escribía sobre Pepe Alejandro, pero que pronto habría una botella para él. Me dijo: “Pepe y yo ya casi somos una botella, ¿no?” Y me río pero es que los veo como padre e hijo, y ¿cómo escribir de uno sin pensar en el otro? Termino entonces lanzando dos botellas cuando voy al mar a dejar para uno…

Y lo que no le digo es que reviso Cubadebate para leer su Strike 3, que comparto sus enlaces en twitter aunque nunca haya coincidido con @michelcon3ras, que adoro las veces que me dice Tina y que compré “Los hombres de negro” para regalárselo.

Pero sí le digo, porque esas palabras salen solas, sí le digo que lo quiero.

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