Na, me caí

niña tristeEn algunos momentos no importan las preguntas.
Sin embargo, siempre llega el tiempo de las respuestas.
Es entonces cuando tememos por las posibilidades.

 

Hacía uuuuuuuuu, muchísimos años que no veía mi rodilla raspada. Na, me caí. El sábado mi papá me vio llegar a casa con más cosas de las que salí: unas naranjas, guayabas, habichuelas, lechuga, claveles para mi cuarto, y la rodilla derecha con dos espacios desnudos de piel.

“¡Ahora sí está bueno esto!”, se alarmó. “¿Resulta que ahora vuelves a ser niña?” y entre el dolor por tensar la pierna y la venda mojada con que trataba de limpiar la tierra y el polvo, sonreí.

Sonreí porque en ese momento solo quería que el dolor de toda una semana se quedara ahí, en ese espacio dañado. Sonreí porque no supe si tropecé, si resbalé, si había una cuerda, hueco o quién sabe qué en medio del camino…solo sé que venía pensando en las musarañas, musarañas reales que me atormentaron durante toda la semana que pasó.

Ya no más, me prometí, porque si esto fue en la acera, no quiero imaginar si hubiese cruzado la calle de mano de semejantes musarañas. Adiós musarañas, no quiero que me vuelvan a hacer caer, no dos veces.

Ahora presumo en mi pierna dos pedazos raspados casi del mismo tamaño. Dos espacios que, para aliviarme, supondré que son dos sábados, de inicio a fin, una semana que por suerte ya no será.

En estos días dije gracias más de lo habitual, a todos los que detuvieron sus rutinas para hablar conmigo, o enviarme fotos del mar porque quería perderme en algún espacio azul, a los que me decretaron un día mundial, a todos los que interrumpieron algo por mí, aún sin saber que la razón de mis tristezas ya estaban publicadas desde antes en otro blog: “el silencio es también una respuesta. A veces una de esas que ensordece”.

Ya no me derrumbaré por ninguna musaraña, porque –pese a mi caída de este sábado- muchos amigos me han sostenido, y he podido perderme en el mar, nubes, mariposas, tintineos, y alguna otra criatura de esta isla nuestra de cada día…

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13 respuestas a “Na, me caí

  1. niña hermosa si las caídas son las que nos recuerdan que estamos vivos, solo que no deben ser frecuentes dichas caídas.

    te envió un guiño para el alma y una sonrisa para la herida, ya veras que bien te hacen

  2. por suerte somos muchos los que gustosos prestamos nuestras alas para que sigas revoloteando con tu ternura. Te queremos y contra eso no hay ñáñara que dure. Abrazos.

    1. Y si tenemos amigos que nos acompañan a tomar chocolate, y nos dicen que hay que maquillarse para unas fotos en el mar…y si encima tienen cámara y nos retratan la sonrisa, qué más podemos pedirle a los días!!??

      1. gracias a las dos, y a los miles de abrazos y palabras de estos días. Como diría Mar -en cualquier circunstancia y por eso la cito (porque hoy sería aplicable a mis musarañas): chu, chu!!

  3. De acuerdo con todos los que siempre llegan a comentar antes de mois jajajaja Te queremos tanto Ley!!!! sana-sana, culito de rana pa ese par de raspones, que son solo eso, raspones. Déjate la postillita un tiempo, no la arranques por la fuerza aunque te escueza, ella se cae sola y así no quedan ni cicatrices. Tiempo al tiempo, que “habemos” muchas curitas para aliviar tu dolor. Mil besissssss en el yayai

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