Abuelos

padre-e-hijoDe niña le escuché a mi mamá esta historia de un niño de su aula, estudiaban en la primaria y le pidió dinero a sus abuelos porque en la escuela lo llevarían al coppelia. Eran los años ´70. Al llegar a la casa, del pantalón chorreaba un líquido rosado…el niño había puesto una de las bolas de helado de fresa en el bolsillo. Él, que vivía con su par de viejitos, quería que también ellos probaran el helado.

Yo, que toda la vida he vivido con los míos, creo que al no ser porque soy demasiado golosa para el helado, también habría llegado a casa alguna vez con una bola, una ensalada o un jimagua escondida en mis ropas.

Recuerdo entonces mis estudios primarios, cuando arreciaba el Período Especial. Mi abuela me hacía natilla, pan con aceite, refrescos, y siempre preguntaba qué meriendas llevaban los otros niños. Más tarde comprendí que indagaba para saber qué podría darme de comer, algo que no me hiciera desear la de los demás, pero que tampoco sobresaliera a los otros. Después pensé que los abuelitos de esa época se ponían de acuerdo, o eran medios magos o adivinos, pues todos los niños terminábamos llevando más o menos lo mismo.

Los abuelos, por decreto oficial del código de sensibilidades, son personas de manos arrugadas y tiernas, que practican la paciencia ante nuestros interminables sacos de por qués, tienden a comparar todo lo actual con sus años mozos, y siempre nos reservan el primer y último dulce.

Los míos además merecen una distinción especial, una medalla o algo que los reconozca como abuelitos ejemplares, destacados a nivel familiar. Soportaron con estoicismo mis gritos de bebé, aquellas interminables noches cuando yo no quería dormir y encontraba más entretenido ponerme a llorar. Me hacían piruetas, buscaban jaulas con pajaritos para que yo abriera la boca y poderme dar algo de alimento, pues mi boca, después de toda la noche de gritos, se negaba a probar comida durante el día. Me enseñaron a dibujar sin salirme del contorno de las figuras, y a caminar derecho guiándome por las rayitas que tienen las aceras. Y para más aciertos, han tenido la buena idea de no morirse.

Por eso cuando me alejé de casa la primera vez, para becarme en un preuniversitario, sentía añoranza por los niños con uniformes de primarias que pasaban por mi lado junto a sus abuelos. Yo nunca le guardé a los míos un helado en el bolsillo, pero hubiera cometido con gusto alguna ingenuidad parecida: dejar que me llevaran de mano hasta la puerta del preuniversitario.

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15 respuestas a “Abuelos

  1. Algo asi como una segunda oportunidád para padres,más ternura y menos rigor disciplinario.Los errores cometidos con los hijos se “enmiendan” con la llegada de nietos.Muy tierno tu post.
    pd:No olvides enviar una dccion de mail para ponerte amaneceres y atardeceres desde estas latitudes.

  2. Linda botella, Ley, como todas…
    Será que nunca será suficiente para reprocharle a la vida haberme arrancado a mi abuela materna antes de conocerla…pero aún cuando no la vea sé que me acompaña siempre.
    Si hoy estuviera viva, la hubiese traido conmigo cuando llegué a la Universidad.
    Un beso
    Feliz martes!!!

  3. Después pensé que los abuelitos de esa época se ponían de acuerdo, o eran medios magos o adivinos, pues todos los niños terminábamos llevando más o menos lo mismo

    Esto es lo más parecido a poner una bola de helado en el bolsillo.

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