Revelaciones

Leonardo da Vinci - Uomo vetruvianoPara Raúl Lombana

El mejor profesor que tuvimos en mi grupo en tiempos universitarios tenía tres temores que confesó para nosotros: a las ranas, a la electricidad, y a los truenos.

A las ranas por frías. A la electricidad por impredecible. A los truenos por hijos de puta. Eso lo supimos casi al finalizar el curso. Y lo supimos porque lo creíamos tan inmenso que debimos encontrar sus miedos para saber que aquel hombre en verdad era de carne y hueso, y que era posible ser joven, talentoso (apenas poco más de 30), haber leído tanto, y dejar a una partida de universitarios boquiabiertos y casi sin respirar en cada una de sus conferencias.

Aprendimos a quererlo y a respetar su grado de Doctor porque comprobamos que no era un simple papel colgado en la sala de su casa. De verdad conocía cada palabra que pronunciaba en clases.

Pero lo de quererlo vino después, con el tiempo. Al principio, y en honor a la verdad, le temíamos más que él a las ranas, a la electricidad y a los truenos juntos. Lo veíamos y los nervios se crispaban, él preguntaba algo y nosotros parecíamos mudos. ¿Estudiantes de Periodismo mudos?

Para cada seminario nos tuvimos que leer más de tres libros, porque no aceptaba que estuviéramos mal preparados. Él fue para nosotros –y no Varela- quien nos enseñó a pensar. Y quien inmortalizó una frase de Napoleón que luego nosotros escribíamos invariablemente en la pizarra cuando tomábamos una decisión que exigía unidad como grupo: “En una fortaleza sitiada, toda disidencia es traición”.

En el seminario final indagó, uno a uno de los más de 20 que éramos, cuál creíamos la causa principal del derrumbe de la URSS. Escuchó todas las “piedras” que tiramos, las acertadas y las que se iban de “foul a la malla”. Otra vez nos preguntó si creíamos que Napoleón era revolucionario. Y por qué había comenzado la guerra en Oriente Medio. Nunca nos pidió –mi permitió- repetir como loros las citas de los libros de Historia Universal. Debíamos pensar por nosotros, analizar, y darle una repuesta basada en lo que de verdad creíamos.

Cuando culminamos sus clases buscábamos alguna excusa para interceptarlo en el pasillo –sin hacer comentarios de pasillo, porque esos él los detesta, si fuera por él desaparecerían todos los pasillos y con ellos todos los comentarios de pasillo. Estudiábamos más para preguntarle alguna duda, con tal de oírlo.

Luego él dejó de impartir clases en la Universidad –no sin antes tutorar una docena de Tesis a estudiantes de Periodismo- (toda coartada para conversar con él resulta válida, incluso emprender investigaciones de corte histórico).

Hace unos días lo vi. Me gané de gratis estar en un tribunal de Tesis con tal de verlo. Lo felicité porque el equipo de Villa Clara –nuestro equipo- ganó el campeonato. Me dijo que casi predijo el juego, incluido el jonrón de Pestano.

Lo vi y recordé de nuevo las clases, las conversaciones, los consejos. No le dije que gracias a él comprendí que entre un amigo y la verdad debo escoger al amigo, porque en un amigo siempre está la verdad. No lo dije y no por falta de tiempo, sino porque lo vi y me quedé sin atinar a mucho más que felicitarlo y confesar que los de mi grupo recordábamos sus tres temores.

En verdad no sé si él creerá que la mayoría de los muchachos que tuvo por alumnos son medios bobos… porque ciertamente nos quedamos así hipnotizados, quedos, perdidos, cada vez que lo vemos y escuchamos a este hombre que una vez temimos y que ahora queremos.

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17 respuestas a “Revelaciones

  1. Yo tuve la dicha de ser de los primeros estudiantes de Periodismo que fueron alumnos suyos, luego fuimos amigos y de los primero tutoreados en una tesis de Periodismo con temas históricos. Vale la pena preguntarse, cuando un amigo tuyo te enseña cosas importantes para la vida, y para la academia, lo consideras un simple profesor o un MAESTRO?

  2. por suerte para mi vida y mi pensamiento alguien como Raul Lombana me impartió clases de historia y mas que un simple profesor es un maestro en toda la extensión de la palabra, nos enseño mucho más que contenidos impresos en los libros.

    1. no, si te aprendías solo el contenido impreso, desaprobabas!! nosotros le temíamos a sus preguntas… lo bueno es que el criterio de evaluación era por razonamientos lógicos y no por reproducir como papagayos de los textos…

  3. Conocí al Raúl MAESTRO (así con mayúsculas del que hablan). Azares de esta vida no me permitieron tenerlo de tutor en mi tesis de grado, aunque fue algo que soñé y casi se concreta. Sus consejos y toda su ayuda agradeceré por siempre y así lo dejé por escrito en mi tesis de grado.

  4. Creo que Lombana es como un misterio para todos nosotros, pero un misterio muy querido y respetado, y creo que lograr eso en tantas generaciones de periodistas criticones y malcriados es un mérito incomparable. A Lombana lo recordaré por escuchar bien bajito lo que tenía que decir y atender mis llamadas siempre… Al igual que a tí Leydis, jiji. Saludos desde Cienfuegos

  5. Ley, qué lindo que le dediques este espacio al Lomba. Él es de las pocas personas que saben hacerse ganarse la amistad de los alumnos apesar de su extraña teoría de acercamiento, ¿la recuerdas? Siempre presentar la peor parte de sí primero, si alguien la supera estará más cerca de la mejor parte. Algo extraño, pero sin dudas una praxis efectiva en pos de evitar decepciones. Un abrazo de Luz, Ley, uno para ti y otro para mi amigo, el profesor Lombana.

    1. Recuerdos, recuerdos… que me aprendí de un tirón que los trabajos por el que debía guiarme para editar se llamaban remanentes… Que no hay periodismo histórico, sino periodismo en temas históricos… que no le gustaba que lo llamaran por el apellido, sino por el nombre…en fin…muchos recuerdos, Ro.

  6. Leo tarde este post, pero no puedo dejar de comentar. Raúl fue también mi profesor, mi maestro, mi tutor, y mi amigo. El que resolvió los “sinflictos” que crean las tesis, y me enseñó que podía aprender muchísimo de lo que estaba haciendo y hasta convertirme en experta en la materia. Una vez, cuando lo llamé casi a las 12 de la noche para aclarar una duda de la tesis, alguien me dijo que no existían profesores como él, que aclararan las dudas de sus estudiantes de madrugada. Le respondí que sí los había: estaba Lombana.

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