Julio en julio

Julio García LuisHoy hace exactamente un año y medio que murió Julio García Luis. No voy a disculparme por mencionarlo tanto en mi blog, a fin de cuentas quienes me leen entenderán. O creo entiendan cuando les digo que de los periodistas que admiro, que me son imprescindibles por talentosos, valientes, sinceros… él ha sido el primero en morir.

Se ha convertido en una especie de obsesión entonces el nombrarlo en cuanto espacio le merece, en decir su nombre delante de los que –aún después de muerto- pretenden matarlo, silenciar una vida signada por la ética y la decencia.

Conversé poco con él, de crónicas, de mi pasión por el periodismo, y me impulsó a matricular en una Maestría que luego de atrasarse dos años, comencé hace unos meses…Ni siquiera fue mi profesor en un aula. Mas, fue mi maestro. Dice bien Luis Sexto que “el alumno no escoge a su profesor, se lo imponen. Sin embargo, el discípulo sí escoge a su maestro, para orgullo de este”.

Por eso, además, siempre que puedo voy hasta el cementerio de Colón, con flores o sin flores, a quitarle las hojas secas de encima del mármol blanco que lo resguarda. A leer la tarja que le mandó a hacer la familia –ninguna de las Instituciones que él dirigió, que representó y a las que dedicó su tiempo le mandaron a hacer una lápida, y para eso no se necesitaba asaltar un Banco. Supongo que tampoco hizo ni hace falta otra dedicatoria, las palabras honestas de las personas cercanas, de los que más lo lloran, son las únicas que alivian.

Las Instituciones, sin embargo, osaron delegar en algún directivo las palabras últimas, las de despedida de duelo, y entonces algún directivo, sin voz quebrada y sin sentir la pérdida, se paró a leer. A leer. Lo último que se dijo de Julio García Luis antes de bajar el ataúd fueron párrafos leídos fríamente por alguien que no era su amigo.

Eso me dolió. Como me duele que ahora quienes no lo querían, a quienes le molestaba hasta su sombra porque no podían alcanzar su altura, lo quieran seguir sepultando.

Julio García Luis me duele. Las lágrimas se aflojan cada vez que termino de escribir de él en este blog, cada vez que me paro delante de su tumba, pero sobre todo, cada vez que algún personaje gris del periodismo menciona su nombre para tratar de influir en otros periodistas.

Me entristece. Y en estos intentos porque se le recuerde, por disparar su nombre a quienes le tendían zancadillas, he terminado por despreciar a quienes -como a él- le hacen la vida menos soportable a otros periodistas amigos. Lo he asumido como un asunto familiar. Tal vez lo personal es explicable cuando admito que de los periodistas que admiro, de los que me son imprescindibles por talentosos, valientes, sinceros… él ha sido el primero en morir.

Hoy hace un año y medio desde que el hombre que iba a recoger a su hijo a la escuela vio a Julio García Luis en su carro, infartado. Ahora mismo tecleo y lloro. He vuelto a escribir sobre él y quienes siguen este blog puede pensar que me excedo mencionándolo, pero ya lo dije: Julio García Luis me duele. Y por mis lágrimas no voy a ofrecer disculpas.

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24 respuestas a “Julio en julio

  1. Julio merece este post y otros cientos como este. No hay grisura ni maldad que pueda empequeñecer la talla humana de este hombre. Gracias niñita por devolvérnoslo siempre en el filo de tus botellas.

    1. Shey:
      mañana es el Congreso de la UPEC. Al inicio siempre mencionan a los que han muerto entre un Congreso y otro….creo que esta vez mis espectativas solo están en que a los que lleven el guión no se les olvide mencionar a Julio García Luis…

  2. Un año y medio de su muerte? No me lo creo. De veras que a veces no entiendo a Cronos y su paso. Y es precisamente por estas fechas, a las puertas del Congreso de la UPEC, cuando más se necesita al profe Julio.

  3. Desconocía esos detalles en torno a la figura de Julio. El alcance de tus botellas que hablan de él llegan a todos los puertos donde estamos los que conocemos la estatura de un periodista de su talla. Julio encarnó el periodismo que siempre deseamos hacer. Y fue inspiración para muchos, entre ellos yo.

    1. a mí él me inspira, y me ayuda a contar hasta cien cuendo tengo delante mío a alguna de las figuras grises de nuestra prensa. Entonces soporto, escucho, y al final lo menciono, en alguna parte siempre sigo su nombre, al menos para que digan: “ah, sí, lo olvidé, Julio García Luis…”

  4. Julio era un caballero desde la adarga al brazo. Un tipo querible, de los pocos a los que la modestia no les sienta mal.

  5. Era un buen tipo y un mejor profesor. Súper sincero, un intelectual de calibre al que no podían callar cuando estaba en contra de algo, al que no se le podía imponer nada. Es cierto… fueron muchas las celadas las que le tendieron, muchas y en muchos lugares. Molestaba su honestidad a toda prueba y su pasión por las cosas en las que creía. Voy a contar una anécdota, siempre le tuve mucho respeto y gratitud, me enseñó mucho a ejercer el criterio, la opinión (profesión de riesgo si las hay y sobre todo en la isla); recuerdo que cuando hacía mi tesis, un tema que él me recomendó: Juan Marinello y el ejercicio del criterio en los medios, opinión y propaganda política, él me prestó sus apuntes de un libro que tenía en planes sacar sobre los géneros opinativos o “pensantes”… todavía conservo una copia mecanografiada con sus correcciones al margen, sus apuntes de disconformidad con lo que había escrito. Fue un gesto de un altruismo intelectual increíble, nadie presta apuntes de un libro por sacar y menos a un estudiante, pero él sí lo hacía. Después me premió en varios concursos nacionales de periodismo por artículos de opinión que publiqué y siempre me recordaba la defensa de mi tesis, donde él estuvo, ahora no puedo recordar con precisión, creo que como oponente o entre los profesores que asistieron. Le vi en 1999, en una de mis últimas vacaciones en La Habana, en la UPEC y le noté envejecido, triste y hasta cabizbajo y me le acerqué y conversamos, entonces ya no era el presidente de la UPEC y, por supuesto, tuve miles de rollos para poder salir nuevamente de Cuba a Buenos Aires, donde hacía un Master de Planif y Gestión de la Comunicación, pues Tubal Páez se negó a darme otro pasaporte, que luego me entregó el ministro de Cultura para seguir estudiando. Aún hoy a mis alumnos de Periodismo en el Círculo de la Prensa y en mis cursos extracurriculares en Buenos Aires les doy entre los materiales a leer aquellos apuntes de Julio García Luis, mi maestro de la vida y del periodismo.

  6. No pude conversar con él, pero tuvo palabras para mí. Gentilmente contestó el cuestionario que le envié, para mi trabajo de diploma. Fue el primero en escribirme, y seguro era el más ocupado. Era un conocedor y un cómplice de las crónicas de Guillén. El conocimiento era una de sus virtudes. También la humildad. Gracias, Leydi, por no dejarle morir, por no dejar que lo maten.

    1. A mí también me ayudó mucho en mi Tesis, el día que lo entrevisté respondió pacientemente todo el cuestionario que yo llevaba. Luego me dio bibliografía, y un año después me impulsó a matricular en una Maestría. Lo vi el día antes de su muerte…
      No puedo ni quiero que se le olvide.

  7. “Las lágrimas se aflojan… cada vez que algún personaje gris del periodismo menciona su nombre para tratar de influir en otros periodistas…”. Si, es una realidad: el alma ruin puede decir maravillas del que ya no está, mientras se regodea en su interior con un “menos mal que ya no está”. Así nos va.

    1. Eso me hace recordar El hombre mediocre, de Ingenieros…

      “Detestan a los que no pueden igualar, como si con solo existir los ofendieran. Sin alas para elevarse hasta ellos, deciden rebajarlos: la exigüidad del propio valimiento les induce a roer el mérito ajeno”.

      Calumnia- envidia- engaño- hipocresía !!!

      “Oyéndoles hablar una hora parece que ésta tiene mil minutos.” (por eso me aburren y termino –cuando no me he ido del lugar- anotando en papel las pifias que se le escapan)

      Los mediocres y envidiosos que no saben qué hacer siquiera con el nombre de Julio García Luis.

    1. Cuán ingratas son las personas miserables, Jose, las personas que no soportan la grandeza, esas son las ingratas…porque no saben cómo lidiar con ella.

      Ayer me avisaron, desde el Congreso de la UPEC, que se le había hecho un homenaje, que se le había mencionado…

  8. No tuve la oportunidad de conocer a Julio García Luis, Ley. Pero siempre digo que gracias a sus libros pude aclarar la confusión que tenía en tercer año para el trabajo de Metodología de la Investigación. Y siempre diré lo mismo: justo ahora, a pocos meses para enfrentarme a la tesis, extraño a ese periodista que no conocí, pero que me hubiera tendido la mano en la investigación, y sé que muchos se preguntarán quién soy yo para adivinar la portura de Julio. Sencillo: basta leerte para saber que Julio García Luis no tenía igual.
    Estoy seguro que, esté donde esté, él se siente orgulloso de estas palabras. Un beso.

  9. No me gusta ir al cementerio…, y del recuerdo de aquel día… tan triste, tan desesperanzador…, salvé solo la compañía de los estudiantes-amigos-profesores muy cercanos, y el aplauso rotundo de sus compañeros honestos… Con Julio me pasa que se me fue cuando empezaba a conocer a fondo su estatura, estatura honda, de Maestro… Me siento en deuda :’-( … Me gustaría, alguno de estos días, quizás, si aceptas, acompañarte, pasar por allí, con par de amigos posiblemente, compartir el ímpetu de su necesario/invencible retorno…

    1. claro! sería mejor ir acompañada que solita. Cuando vaya en septiembre a mi Maestría (en Fcom) nos podemos poner de acuerdo. Eso hice una vez que pasé un curso en el IIP, ir con 4 compañeros de curso que me quisieron acompañar, y de alguna forma el no ir sola resulta menos doloroso. Gracias, Liliam.

  10. 😦 Yo lo extrañé en los siguientes Caribe, en el Festival de Cultura que ganamos y no tuvimos quien nos tirara la foto de siempre… Cada vez me quedan menos dudas de que una parte del alma de la facultad se perdió con él.

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