Última crónica

última crónica (2)Desde hace tres años leo y releo el mismo libro. Los otros pasan, salen y vuelven al librero. Este, sin embargo, permanece en mi mesa de noche. Nunca ha estado en fila al lado de los otros…

El 28 de junio del 2010, el día que defendí mi Trabajo de Diploma para titularme de periodista en la Universidad, un periodista amigo me regaló un libro de crónicas donde yo podría descubrir secretos de la escritura.

Puso en mis manos Última crónica. Diario abierto, una compilación de colaboraciones de la escritora y periodista catalana Montserrat Roig (1946- 1991) en el periódico Avui de Barcelona, entre septiembre de 1990 y noviembre 1991.

Son 279 páginas y confieso que no lo he querido terminar. No estoy preparada para que se me acabe. No quiero llegar a la última crónica – no sé si porque eso desgarra el título o porque a priori sé que al llegar al final estaré llegando también al término de la vida de Montserrat y a toda posibilidad de leer otro texto suyo.

Lo cierto es que estoy varada en la 230 y en lugar de continuar las hojas que restan, he regresado incansablemente a los apuntes que dejé al margen de las crónicas anteriores.

Releo que “hay que intentar escribir bien pero sin decir nada…, aunque siempre se diga algo”; que “las palabras no pueden encerrarse dentro de una jaula. Vuelan solas”; que Selma Langerlof y Nadine Gordimer le enseñaron en tiempo que “el arte de la palabra posee aquel punto agridulce de la venganza que no se paga con nada”, o que Elias Canetti fue un escritor “profundamente enamorado de las palabras”; y Darío Fo decía que “el amo tiene mil palabras, mientras que el obrero solo entiende trescientas”.

Anoto las frases que me impactan, y también sus metáforas. Me gustan sus metáforas, aunque yo sea incapaz de reproducirlas ni siquiera aquí…

A la par consumo –como si fuera droga- las crónicas de periodistas cubanos, españoles, latinoamericanos… Ese es mi plato fuerte, el postre y el aliño de mis días.

Ya lo dije. Lo he confesado: desde hace tres años leo y releo el mismo libro. Y desde hace dos intento mantener también un Diario abierto, aunque con forma de Botellas al mar, que me desahogan.

Aunque en verdad no sé –como ella- quién me lea o a quién pueda interesar estos asuntos tan míos. A fin de cuentas, como escribió Montserrat Roig: “Leer, al igual que escribir, es un juego de solitarios”.

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8 respuestas a “Última crónica

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