Exorcismos

Dice mi hermano que cuando escribo me transparento. Que si estoy triste, conmovida, o airada… todo lo transmito.

Algunos amigos advierten en mí demasiada sensibilidad, y sugieren que me endurezca para no sufrir cada una de las desilusiones.

Otro me dice que amo o detesto visceralmente. Que no hay términos medios. Y lo asegura porque sabe que me duele más que profanen a las personas que quiero, que el daño que pudieran hacerme a mí misma.

Yo los escucho a unos y otros. Sigo siendo muy sensitiva. Si veo un cuadro que me gusta, lo quiero tocar con los ojos, adivinar los trazos. Si hay una tarja o un busto, pongo mi mano para detallar mejor el relieve, las formas…

El mar lo he pretendido llevar en mis pulmones. Sucumbo ante una buena conversación. He caminado descalza por la arena, la yerba y muchos muros, porque necesito sentirlos.

Si leo y las letras me apasionan, no duermo para dejarlas entrar. Entonces siento que las palabras se me meten dentro del cuerpo. Es como si las sintiera debajo de la piel. No exagero. Lo peor es que –aunque muera de sueño o me sienta afiebrada- no quiero exorcizarme.

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5 respuestas a “Exorcismos

  1. Hay en Cuba una planta que llaman ‘moriviví’, mimosa para unos, sensitiva para otros, reacciona al más leve contacto. Mejor ser ‘moriviví’ que cáscara de plátano, decía mi abuelo.
    Un saludo

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