Mona Lavang Pira

Mónica BaróPasé horas, semanas y meses buscándola en las redes sociales hasta que desistí.

— No te encuentro en Facebook –le digo. ¡Y mira que he puesto tu nombre una y otra vez un montón de veces!

— Es que no estoy con mi nombre –aclara. Y me envía una solicitud de amistad luego de advertirme de ese nada ordinario ¿seudónimo? de Mona Lavang Pira.

En verdad no debería asombrarme. Las personas extraordinarias por lo regular no hacen muchas cosas ordinarias.

Registro su número en mi celular con ese mismo mote, y recuerdo el animado de Mona la vampira. Las dos se parecen en algo: trigueñas, expresivas, con respuestas ocurrentes, y mucha imaginación.

La de carne, cerebro y huesos –la que conozco de veras y no la de caricaturas- usa en la red social pinturas de Van Gogh para su foto de perfil y portada. Y tiene las trenzas del sol.

Recientemente le pedí su correo para poder escribirle, porque las dos adoramos las letras impresas, y a veces nos perdemos del mundo exterior para insertarnos en una suerte de retiro literario.

Luego pone al teléfono a un amigo común. Lo tiento con esta idea: como a ella le gusta escribir, seguramente no tendré que mendigarle líneas, como me sucede con él. Él apuesta que ella me escribirá menos de lo que lo hace él.

Palabras. A veces necesito llenarme de palabras. Entonces le reclamo correos a uno y otro.

Con la apuesta de los correos que serán en ruedo, por ahora me alivia saber que cuando conecte Facebook, podré tener algún comentario. Como este del 7 de marzo:

“Hay gente con la capacidad de multiplicar tu felicidad y gente con la capacidad de disminuirla. El primer tipo se conserva y se ama, el segundo tipo sencillamente se aleja. Y sí, mientras más felicidad se lleva dentro, es mayor la necesidad de compartirla. Asegúrate que sea alguien que la merezca, es decir, del primer tipo”.

Y lo firmaba, claro: Mona Lavang Pira.

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7 respuestas a “Mona Lavang Pira

  1. Pues yo vine a redescubrirla no digo que tarde, pero sí más tarde de lo que hubiera querido. Y cada día me alegro más de que haber colisionado con semejante persona. Es como un trébol de cuatro hojas. Eso, si me forzaran a definirla con una imagen, M. es eso para mí, un trébol de cuatro hojas. El beso eterno, mi niña.
    R

  2. Tengo la suerte de tener a la Mona muy cerquita hace más de 6 años en mi vida y nunca deja de sorprenderme, quizás por su capacidad de estar constantemente reinventando sus sueños, que tienen mucho que ver con los míos. Ella es así: impredecible, infinita (citando a su tutor), imprescindible…
    Cuando pienso que ya la quiero demasiado me sorprendo queriéndola mucho más.
    Qué bueno que ese cariño se está multiplicando

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