Chantajes

arena de marÉl es la única persona que explícitamente me ha pedido no aparecer en este blog. Dice que lo conmuevo cuando escribo, y cita par de ejemplos.

Yo le desobedezco olímpicamente y con esta sumo tres botellas que le dejo. De esa forma le hago pagar a sorbos el haberme puesto los nervios en jaque años atrás, cuando yo era estudiante.

Deduzco, además, que puedo chantajearlo con la sola idea de tejer palabras por él y publicarlas aquí. Le escribo un correo, un mensaje, y lo llamo por teléfono. En esa trilogía le hago saber que si sospecho que se está olvidando de su Santa y Clara ciudad, y de la amiga de las botellas, le lanzaré una que le estremezca las entrañas.

Me responde en medio de una reunión y ahí mismo, entre tantos presentes que le rodean, me pide paciencia y que no le arroje el botellazo, que enseguida me llama.

Conversamos. Y él cree que se ha librado de aparecer en el blog. No escapa, no. Escribo. Hay personas que son tan medulares en mi vida que no las puedo omitir de mis trazos. Él seguirá pidiendo -en vano- que la botella no lo roce, y yo seguiré -una y otra vez- consumando mis chantajes.

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4 respuestas a “Chantajes

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