Obsesión

michelangeloMe hipnotizan sus manos. Lo escribo, pero no lo digo tan continuo o tan vehemente como lo pienso.

Me desconcentra. Habla y soy incapaz de seguir el sendero de sus palabras cuando veo sus manos. Entonces las oraciones se tornan confusas, quebradas, y alcanzo a registrar solo algunas frases que luego no se arman coherentemente.

Cuando veo sus manos, mis esfuerzos por conversar sin deshilar el tema se desordenan más que aquel poema de Carilda.

Las miro de reojo, como quien no quiere fijar la atención. Paso la mirada rápido, sin detenerme… pero lo cierto es que puedo antes prescindir de verle a los ojos que a las manos.

Sus manos me atraen como un imán. No se lo digo, pero no se parecen a otras manos.

Pido prestados a Carilda Oliver Labra estos versos, aunque a mí no Se me ha perdido un hombre, sino unas manos.

“Yo pensando/ en dónde está la mitad del cuerpo mío,/ en quién va a cantar ahora para quitarme el miedo,/ en las veces que nos besamos/ y en la que no nos besamos,/ en sus ojos coléricos frente a la injusticia,/ en ese silencio con que me responde,/ en la herida que no le cosí,/ en sus manos.”

Lo leo, lo anoto, y otra vez me quedo varada en las últimas palabras. En sus manos.

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6 respuestas a “Obsesión

    1. Rosy, perdón, ahora es que leo tu mensaje. Mira, las manos es lo que más me gusta de una persona. Definitivamente vienen y van, como las personas….estas no se quedaron. Pero lo escribí desde las entrañas y…no me arrepiento de haberme metido con estas manos, aunque apenas si pude rozarlas…

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