Lía

LíaTengo una foto suya en mi cartera. Una en mi habitación. Otra en la sala de la casa. Ocupa el espacio del fondo de pantalla de la computadora. Reviso sus videos. Persigo sus centímetros.

Me quedo inmóvil, a ver si el viento me devuelve su voz. No llega, pero su imagen me persigue. Esos grandes ojos no se desdibujan de los míos. La extraño. La quiero.

Los dos años de Lía no compiten siquiera con los 23 de mi hermano. Mis brazos no conservan las huellas del niño varón tres años menor que yo que alguna vez cargué. En cambio, el peso de Lía no se me olvida.

No se me olvida, pero es un peso detenido en la niña de un año y tres meses que ahora cuenta dos años y un mes. Ya el tamaño, la talla de ropa, y hasta el cabello le han variado. Yo me quedo, pues, sustituyendo viejas fotos por las más recientes que llegan a mi buzón.

No es mi hija, pero en cariño la asumo como propia. Lía ha ensanchado las fibras maternales que sus hermanos me habían desatado.

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2 respuestas a “Lía

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