Sufrir, rezar, gritar… en el Estadio

estadio Sandino
Foto: Carolina Vilches

A un tal Charly, por esta divina pasión que nos hermana.

Regresar otra vez a las gradas del estadio Sandino me hace recordar las tantas veces anteriores, cuando quedar ronca no era mayor riesgo que perder un partido.

No conservo con nitidez mi remembranza primera, la que desató la serie de visitas que sucedieron continuamente, temporada tras temporada. Mi seguridad es solo una: antes de aprender a escribir, leer, o reconocer los números, mi padre me inició en la sagrada pasión por el equipo de pelota.

Me llevaba entonces sobre sus hombros, y así estuvo el tiempo necesario hasta que yo sintiera el béisbol correr por mis venas. Juntos disfrutamos las congas, los coros, las “olas”, los aplausos. Los robos de base, los hits, jonrones…

Muchas veces me desalenté porque el Villa Clara perdía la temporada, y al dolor de la derrota predije que no volvería a un partido en vivo. Sabía que mentía. Sabía que, como quien cae en el marasmo de la droga, siempre regreso, año tras año, como todo aficionado que no puede dejar vacante su insigne puesto de décimo jugador; y batear, pitchear o dirigir la novena allá, desde las gradas.

Todos mis instantes de tensión, de alegría, de tristezas por un equipo de pelota, han ocurrido en un solo estadio; el Augusto César Sandino de Santa Clara.

Incluso mis únicas fugas del preuniversitario no fueron para ir a casa a comer algo o descansar, sino para llegar al estadio en plena etapa semifinal y sentarme en algún puesto lejano de home –donde las cámaras no hicieran evidente mi escapada- y sentir la adrenalina de un juego de pelota.

Años después descubrí a más de un coterráneo que ha vibrado en esas gradas hoy pintadas de naranja. Como mi amigo Charly Morales, que me asegura el Sandino es su templo, ese espacio donde él puede irse a meditar, a rezar casi, a disfrutar cada jugada, y a sufrir.

Una vez me dijo: “Villa Clara no gana la pelota desde mi secundaria, y para mí es y será el mejor equipo del mundo, porque el amor cuando es de verdad no admite teoremas…”

Por eso cuando luego de 18 años el equipo volvió a alzar el título nacional, y yo me sentí mejor que el día de mi cumpleaños y el de mi graduación juntos, en la primera persona que pensé fue en Charly.

Quién sabe cuántas veces coincidimos en ese templo sin saberlo. Sentados quién sabe a qué distancias, pero vibrando por el mismo motivo. La pelota une.

Dijo Carlos Tabares que los peloteros cubanos dejan la piel en el terreno. Desde las gradas, cada aficionado también deja la piel. En el Estadio.

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6 respuestas a “Sufrir, rezar, gritar… en el Estadio

  1. Pues mi padre fue pelotero toda la vida casi, de Las Villas, de los equipos de algun central, de un club de pelota del Vedado y de equipos Cuba y nunca fui con el a casi ninguna parte, pero a pesar de haber muerto de 81 abriles en el 88, aun lo quiero. Te envidio eso

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