¿Soy a-normal?

del cieloEstoy tan acostumbrada a escuchar que soy especial, que no soy normal, o que si soy atípica, que voy a empezar a creérmelo.

Aunque no descubro aún si me lo dicen como un elogio o como un reproche. Depende.

De niña me preguntaba si las personas de ojos claros veían las cosas del mismo color que los que tenemos los ojos café. Y si los colores de la TV eran los mismos en todos los televisores. Y llegué incluso a preguntarlo a varias personas.

A mis profesores de la escuela primaria les costó que yo entendiera que aunque la letra Ñ tenía una i incorporada en su sonido, no era correcto escribir: niñia, pequeñio, meñiique, o compañiera –como yo intentaba hacer.

Mi mamá llegó a pensar que tenía una hija boba porque yo no jugaba con osos de peluche, sino con ajíes, hojas de árboles; no me entretenía con los dibujos animados, sino con libros sin imágenes.

Ya en el preuniversitario mis compañeros de aula querían descifrar por qué yo cargaba con libros de filosofía a la par de los de novela y poesía; por qué la televisión me aburría tanto.

En la universidad las dudas respecto a mi condición de “persona normal” aumentaron cuando supieron que por primera vez tenía novio. Y que me encantaba escribir a mano. Piel- papel, como sugería Dulce María Loynaz.

Ahora, pasados todos los niveles de enseñanza, no acabo de precisar si soy extraterrestre, si realmente el fórceps con el que me jalaron para nacer me hizo mucho daño. Pero mis neuronas no logran alinearse con tanta estupidez ambiente, y continúo creyendo en la nobleza de los demás, aunque por estos tiempos la sinceridad sea una llamita que se extingue.

Algunas veces –como en estos días de ausencias- me cuestiono todo esto y más. Y vuelve a invadirme la fatídica fórmula de Soledad + Tristeza = Depresión.

Entonces intento alejarme. Llorar. Encerrarme en mi burbuja-mundo-caracol. Pero entro a administrar el blog, y noto que diariamente más de 90 personas han venido a buscar botellas nuevas. Y vuelvo.

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26 comentarios sobre “¿Soy a-normal?

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    1. te quiero, hermanita. Un cariñito a mi sobri, eh?? Gracias por quererme sin tamaño… No sabes cuánto agradezco a los locos y borrachos benditos que nos unieron… en un juego de béisbol 🙂 y a Internet y los blogs, que me llevaron a ti. Uf, tantas gracias… sin tamaño.

  1. Lo normal es lo que abunda; pero solo lo que se sale de la normalidad es lo que destaca logrando cosas sobresalientes como tú, y por ende, sufre la insidiosa incomprensión humana. Te quiero anormalmente porque deseo que sigas siendo diferente a los normales. (Te sugiero el poema “Nosotros los normales”, creo que es de Roberto Fernández Retamar). Gracias por tus botellas.

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