En el nombre del hijo

extrañarMis amigos quedan lejos. La mayoría de ellos. Y hemos mantenido los abrazos y esta rareza de extrañarnos y querernos, querernos y extrañarnos, pese a las distancias.

Dicen que soy buena para hacerme presente aún a kilómetros, que no sienten la lejanía porque siempre aparezco en un mensaje, una llamada, un instante, una botella al mar…

Yo empecé a creer que era más importante en sus vidas de lo que creía, cuando comenzaron a llamarme o enviar mensajes a deshoras para compartir conmigo un momento sumamente cardinal: el nacimiento de sus hijos.

Poco más de un año, el primero de mis amigos en ser padre me anunció: “Te debía esta aviso formal. Ya nació mi bebo”.

Hace un mes y tres días a mi hermana se le adelantó el parto. Un adelanto de dos meses, por lo que en un mensaje advertía que yo soy tía de un niño prematuro. Ella no había ni descansado del parto y ya me estaba uniendo a otra vida: la del bebé recién nacido.

Hoy, justo hoy temprano, un amigo me despertó para compartir conmigo –desde el pasillo de un hospital materno- su sobredosis de alegría: “¡Ya soy papá!”

Después de todo, no es cierta aquella canción que advierte que la distancia es el olvido… Después de todo, mis amigos no quedan tan lejos.

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2 respuestas a “En el nombre del hijo

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