Sí, bendito sea…

UrquiolaAcabo de leer Bendito sea el verde, de Michel Contreras. Y no escapo a la certeza de que como yo, muchos estuvieron pendientes del juego de anoche, Industriales– Isla de la Juventud, solo porque la derrota de Industriales también suponía la de Pinar del Río.

Leo a Michel. Escribe que cuando ve a Urquiola, Duarte, a Pinar… le viene a la cabeza el código de honor del samurai:

“Había llegado casi sin resuello a la recta decisiva del torneo. Nadie apostaba un duro a sus opciones, golpeado como estaba en cada hueso. Sin embargo, se acordó de su estirpe vencedora, ganó ocho de los últimos nueve desafíos y solo dio su espíritu en la raya, sobre el último out del Industriales -Isla de este jueves.”

Sí. Yo también pensé en Urquiola. Y en los villaclareños que han reforzado ese equipo. Vi el partido junto a mi papá, mi hermano y mi abuelo. Volvimos a ganarle en audiencias a la telenovela de turno. Postergué mis lecturas.

Sufrí la derrota de Industriales por primera vez. Por primera vez hubiese querido que esos azules capitalinos no se poncharan, se robaran todas las bases, batearan de hit y jonrones. Un jonrón. Justo eso demandé cuando faltaba un out para terminar. Llegó el out. Nunca llegó el jonrón.

Recordé a una amiga que vive en Villa Clara y nació en la Isla de la Juventud. La última vez que la vi me dijo que su equipo es Michel Enríquez, que cuando él sale al terreno a ella le invade la certeza de que todo irá bien. Mentalmente le pedí disculpas por no apoyarla esta vez. En cualquier otra circunstancia yo apoyaría al que juegue contra Industriales.

Anoche, después del out 27, en mi casa había silencio. Parecía que el que había quedado camino a la postemporada era nuestro Villa Clara. Silencio.

Ahora leo a Michel Contreras. Me encuentro en muchas palabras suyas. Sí, bendito sea el verde:

“Con los spikes bien puestos, cabría decir que amarrados con cordones de acero, el monarca deja vacante el trono. Pero nadie hace mofa de su muerte. Por medio hay un respeto que no alcanzo a definir en estas pocas, admiradas palabras a modo de epitafio para el guerrero verde -Ronin occidental- que se ha ido con todo el decoro de este mundo”.

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