Lluvias

lluviaNo te imaginas
este vicio feliz, la dependencia
que he llegado a tener del aguacero.

Alexis Díaz-Pimienta

Llueve y algunos se refugian bajo un techo. Otros corren -aunque más adelante también llueve.

Me invade la nostalgia por los días infantiles en que, junto a mi hermano, me metía en el aguacero. Nos deslizábamos entre las gotas. O tratábamos de capturarlas.

Quiero escuchar el aguacero. El sonido de la lluvia contra el cristal. Sentirlo. La sensación de resguardo si estás en casa. La de desamparo si estás fuera.

Mi último aguacero, casi bailando bajo la lluvia, fue en julio de este año. Recorrí descalza aquellas calles mientras un amigo sostenía mis zapatos y mi bolso. Él no creía que ciertamente yo me aventurara a desnudar además del alma, los pies.

Suelo ser torpe al andar sin zapatos. Y más si cae un aguacero. Y más si la calle -en lugar del asfalto moderno- está rellena de antiguas piedras chinas pelonas. Y más si es una ciudad turística y colonial, como salida de una postal.

Mis huellas, se desvanecían a cada paso.

Se desvanecían, como esta lluvia que cae. Sin caer.

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5 respuestas a “Lluvias

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