Descartes y Ortega

sin palabrasLos dos filósofos que más he trastocado en toda mi vida han sido René Descartes y José Ortega y Gasset.

Y lo aseguro sin temor a equivocaciones –pero no sin cierto pudor- pues a diario las frases que más he llevado y traído han resultado la consabida: “Pienso, luego existo” del francés. Y el “Yo soy yo y mis circunstancias” del español.

Las he utilizado de manera apócrifa, desleal. Las he destrozado cuando he querido indicar, por ejemplo, que estoy hambrienta: “Como, luego existo”; o que tengo sueño (muy normal luego de dos noches de insomnio) “Duermo, luego existo”; o que necesito silencio para leer: “Leo, luego existo”. Y así sucesivamente.

Con Ortega y Gasset ocurre otro tanto. Si hace calor: “Yo soy yo y mi abanico”; si necesito concentrarme en escribir, y el ruido no lo permite: “Yo soy yo y mi música clásica”. Y las más usadas: “Yo soy yo y mi blog”, “Yo soy yo y mis libros”.

Hace poco un amigo me preguntó si yo he visto fotos de Descartes y de Ortega y Gasset, aunque sea en Google.

Sí, le respondo –y dándomelas de letrada le añado: ¡por supuesto!

No, si te lo digo –aclara- porque con ese “picotillo” que has hecho con ellos, en cualquier momento sus fantasmas se te aparecen en sueños y empiezan a atormentarte.

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