Cadena perpetua

cuadro-cuba-lienzo¡Tan ilusionada que quedaba yo cada vez que pasaban Imagine en la televisión cubana!

Ilusionada porque mis padres no pudieron escuchar a los Beatles en su adolescencia, pero yo sí. Ellos no, porque esa era música imperialista, de desidia. Eran los años en que, por alguna extraña enfermedad tropical, las letras en inglés provocaban divisionismo ideológico en las mentes de aquella generación. Y había que prohibirlas. Prohibirlas. Y no solo a los Beatles. También a los Rolling Stones que ahora tantos parecen adorar. Y toda la música en inglés.

¡Adios al rock! Eso hacía daño…decían.

Algunos se rebelaron. Y los callaron. Pero se rebelaron. Y escucharon a los Beatles y a los Rolling Stones.

Solo algunos…

Yo estaba ilusionada también porque Imagine habla de un mundo sin fronteras, donde ni la religión ni la política ni el color de la piel dividan a las personas. Lennon no era el único soñador. Dentro y fuera de Cuba muchos también soñábamos. Alguna vez estaremos juntos de nuevo, pensaba yo…

Porque la mía, como muchas de las familias cubanas, ha estado rota durante años. Sí, porque en Cuba hay muchas familias rotas. Partidas por 90 millas, o más…

¡Rotas!

Esa canción, Imagine, era un pedazo de esperanza en mis días.

Luego supe que existían varias enfermedades tropicales, que no tenían que ver con la música en inglés. La unanimidad. El miedo. La censura. La autocensura. El voto unido que nunca entendí. Y otra vez la sacrosanta unanimidad que atrinchera.

Y comenzaron a llegar los “momentos históricos”, uno tras otro. Un desfile de celebridades por la Isla caribeña. Conciertos. Y otra vez un presidente norteamericano -que advirtieron- no iba a conquistar con barcos, sino con la oratoria. Y había que tener cuidado. Mucho cuidado.

¡Cuidadito!

Y pasó el tiempo y pasó. Y ya Imagine se me hace difusa. Escucho cómo en el discurso permanecen las viejas palabras, una tras otras. Vieja retórica, creo que le dicen. Y casi desde la tribuna vuelve a llamarse al machete y al pronunciamiento de: “No les tenemos miedo, señores imperialistas”.

Y mi ilusión de una familia reunida al fin, se deshace. Todo porque quienes pueden pegar las dos orillas, insisten en darse golpes en el pecho y rasgarse las vestiduras. Prepotencia, creo que le dicen.

Al menos una vendita para la herida: ya mis padres pueden escuchar música en inglés.

Aunque ellos aun tengan miedo. Aunque yo aun esté rota.

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6 respuestas a “Cadena perpetua

  1. Ay Leydi me emocioné mucho leyéndote, al punto que me arrancaste una lagrimilla…yo también estoy rota, muy rota, rota por esas 90 millas y más que me roban personas, momentos, recuerdos. Sobrinos que crecen y me ven como la tía de Cuba, no como la tía que le muerde los cachetes. Mi mejor amiga ya tiene dos niños y no he estado con ella en las ecografías, mi primo y su esposa tienen que contentarse con una aplicación de androide para ver a sus hijos de 5 y 10 años una vez por semana. Pero yo soy como Lennon, soñadora hasta los tuétanos, tal vez por soñar tan alto alguna que otra vez me doy mis golpes, pero no me importa me levanto de nuevo y a seguir soñando. Yo que sueño tanto, sueño con que un día las distancias serán fáciles de burlar y que de pronto me diré este fin de semana me lo voy a pasar con mi sobri y allí en ese otro lado jugaremos al Elpidio Valdez y a los escondidos. Quiero seguir pensando como Lennon, sigo soñando por que estoy segura que I´m not the only one. 😉 Gracias por este post tan lindo, te leo siempre aunque no comente. Besis de esta musa que anda medio dormida…muaaaa

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