Rodrigo

RodrigoVolví a leer porque me tentaba ver los libros en sus manos. Rodrigo lee. Hasta no cansarse. Lee.

Volví a ir al cine porque me provocaba curiosidad las películas que él sugería. Rodrigo tiene un arsenal de películas. Películas. Y mezcla las escenas con su vida.

Llega a casa contando historias. Las de los libros. Las de las películas.

Yo digo que su hermana es un genio. Y que él es un crack.

Entiende de química, y de licores, y de bailes, y de ropas. Entiende. Rodrigo entiende. Y habla más allá de lo que yo puedo entender.

Él juega fútbol. Y muy bien. Él le pone empeño a lo que disfruta. Y el fútbol lo disfruta. Él se apasiona con lo que le gusta. Y así anda por la casa. Y así anda por la vida. Apasionado.

— ¿Botellas al mar? –Esa es su pregunta para saber si estoy escribiendo.

Y no, hace días que no escribo. Hace unos quince días. Justo en el cumpleaños de su hermana.

Él fue el primero en leerme. Porque era sobre su Aura. Y porque –dice- le gusta el nombre de mi blog.

Hoy llegó a desordenarme las ideas. Ahí estaba yo, buscando artículos para mi investigación, y me dijo: ¿Botellas al mar?

Y no me contuve. Volví a escribir. Me gustó el reto de dejarle una botella escondida. Una que no verá ahora mismo, porque se fue a una fiesta. Y en las fiestas uno no va a leer.

La encontrará. Lo sé. Porque lee. Porque le gustan las historias. Y porque es un crack.

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