Crónica de una clase anunciada

las-neuronas-no-se-regeneran-otro-mito-derrumbadoHace un año que escribí esto, hasta entonces impublicable…

 

Después del: “¿Vas a escuchar la clase desde ahí?” (Porque yo me fui a sentar junto a la puerta) lo segundo que le escuché fue: “Si te aburres, te paras y te vas, sin problemas”.

Y yo no tengo problemas con pararme e irme – ¡ya lo he hecho de tantas clases y tantas veces!- pero el asunto es el siguiente: una buena conversación no me aburre. Y una buena clase es una buena conversación.

Ahí me estuve, anotando en una agenda que una entrevista se debe planear, tener objetivos, una estructura y apropiarse del estilo. Y que la metáfora más cercana de entrevista es lucha. Lucha. Y gracias a ello ahora cada entrevista la desgrano buscando justamente eso. Lucha.

Una lucha por el uso de la palabra, con propósitos específicos.

“¿Esto parece una lucha?” Preguntaba incansablemente. Y ahora ando yo sacudiendo periódicos, buscando en qué parte de tantas páginas encuentro una entrevista que se parezca a una lucha.

Él se mueve por toda el aula hablando con las manos, y a veces, cuando nadie responde, se muerde los dedos, o los pone sobre los labios -pensando sólo él sabrá qué- como si quisiera soltar las palabras que otros no se atreven. “Se supone que ustedes quieren aprender a entrevistar a un científico, porque en el resto de las materias que llevan, ya les enseñaron a entrevistar a otra clase de bichos.”

Y vuelve a hilvanar  ironía y sarcasmo. Y como disfruto tanto de estas dos en toda conversación, me voy convencida de regresar la próxima vez. Porque habrá una próxima vez en que yo esté leyendo afuera del salón y él pregunte: “¿Te vas a quedar ahí?” y yo, sin tiempo a decirle que me deje terminar el párrafo para ponerle atención –porque por lo regular cuando leo no atiendo nada más, y menos a mitad de oración-  acoto que: “Si el profesor me lo permite”. Y me dice: “Vamos a preguntarle” –y ahí se quedó mi párrafo, inevitablemente a medias.

Lucha. “Una metaforita que es muy tontita –dice. Y si yo estuviera sentado donde ustedes, me preguntaría: ¿y en verdad me eché todo un semestre para esta jalada?”

Sí, las clases de Periodismo de Ciencia son toda una provocación. “Hay que optimizar el tiempo lo más que puedan: el de ustedes y el de la víctima”.

Y bien, yo no estuve todo el semestre. Soy, como él dice, una no alumna. Pero yo busqué estar ahí. Recorrí dos veces un edifico enterito días antes, buscando esa clase. Subí y bajé muchas escaleras por la necedad de no preguntar la dirección exacta. Por la necedad de querer encontrar algo yo sola. Y eso, como tantas cosas, no se me da. Así que acabé preguntado, claro.

“Aula de Cómputo 2, Edificio D… es el edificio nuevito entre el Auditorio de la Facultad y el estacionamiento de estudiantes”.

Y me quedo mirando esa mezcla de sustantivo y adjetivo: edificio nuevito. Y me dan deseos de describirle mi impresión con una palabra suya que retengo: Neta. ¿Neta? Ni que yo llevara tanto tiempo en la UNAM para saber cuáles son las construcciones viejas, y cuáles las nuevas. ¡Edificio nuevito!

De no estar totalmente convencida de querer ir, habría desistido. Ya no por mis despistes o por edificios viejos y nuevos, sino porque justo en la mañana de la primera clase, leí este mensaje: “Estoy empezando a sospechar que estás en verdad dispuesta a sentarte un rato en mi clase. Sólo Tutatis sabrá por qué quieres hacer esto, pero no seré yo quien intente convencerte de que no vayas”.

Y atiné a pensar (sí, porque yo a veces pienso), pensé: ¿está empezando a sospechar? Vaya, yo que daba por hecho que si digo que voy, es porque en verdad voy a estar. Y si no será él quien intente convencerme, ¿será que habría querido que alguien más me convenciera de no ir? Y como no tiene a quién acudir para trazar el Plan para el desarme de la terquedad de Leydi, pues…tal vez lo mencione para que yo solita renuncie.

Pero luego me dije que no, que estaba haciendo todo un Análisis del Discurso, que las clases de Metodología de Investigación han afectado las pocas neuronas que quedan; que la crisis migratoria cubana me ha dejado demasiado sensible y que por eso he mezclado todo. Y antes de regodearme en otro análisis y psicoanálisis, salí del departamento rumbo a la UNAM.

Además, quería saber si en las clases él era tan sarcástico como en los eventos; y escucharle algo nuevo que no fuera lo que ya había visto y re-visto en videos de YouTube.

Aunque fuera a hablar de ciencia, economía, o de Tutatis, de todos modos la criatura quería ir. Quería agradecerle la paciencia para explicarme mexicanismos como ¡Órale!, ¿Neta?… Chaaaale. Y el no haberme mandado a… (otro mexicanismo) por lanzarle todos mis temores, mis dudas, y hasta mis asombros.

Y entre todo, se me olvidó justo eso: agradecerle. Pero ¿qué más se le va a pedir a alguien que para nacer la sacaron con un fórceps?

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2 respuestas a “Crónica de una clase anunciada

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