Anotaciones al margen

yo-y-mi-hermano
…en un lugar de La Mancha… (que diga, del 2010)

— Bichooooooo, te amo.

— Tata, de verdad que me encantan tus demostraciones de cariño. ¿Bicho? ¿En serio?

— Qué le vamos a hacer, eres como mi saquito de boxeo, tengo que practicar con alguien. ¿Con quién mejor que contigo?

— ¿Practicar?

— Sí, eso del Te amo. Ya sabes que no se me da.

Y suspira. Suspira como si ya no supiera qué hacer conmigo, dónde ponerme, qué decirme para responder –una vez más responder– a mi terquedad.

— Bichoooooooo, te amo.

— Tata, compórtate.

— No te preocupes que estos arranques de locura yo sé que solo me los soporta la familia. Fuera de casa la mayoría cree que soy muy normalita, y así… Algunos hasta creen que soy autista, porque ni hablo. ¡Así que imagínate!

Y suspira. Más fuertemente. Ese suspiro que todo lo dice sin decirlo: que no tengo remedio.

— Bueno, al menos dime: ¿no hay ningún “suicida” a la vista?

(Aquí déjenme aclarar que mi hermano cree que cualquiera que intente conquistarme es –por default– suicida. Y lo asegura precisamente porque todos han perecido en el intento…)

— ¿En serio que no?

— Nadie me quiere.

— ¿O será que tú no te has enamorado de nadie?

— Será… No importa, igual practico mis cuerdas vocales: Bichoooooo, ¡te amo!

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