brújulas

Con el ánimo de quien es niña de nuevo, quiso irse a jugar con las cosas que le llamaban la atención. Y casi todo le llamaba la atención: los parques, las aceras, los árboles, los pájaros, las casas, las pinturas, las sonrisas, las miradas…

Iba feliz, casi saltando –más que caminar- por esas calles desconocidas. Iba, a riesgo de extraviarse… Pero ya le habían advertido: si pierdes el norte, si te quedas sin brújulas, recuerda  que estoy a la distancia de un abrazo.

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