Si nos dejan…

Júrame
Que aunque pase
Mucho tiempo
Nunca olvidaré el momento
En que yo te conocí.

(Una canción de por ahí…)

 

 

A veces quienes dicen no prometer nada en absoluto son los primeros en caer en la tentación y el juramento. Se juran, por ejemplo, un café en la mañana, un ramo de romerillos, una copa de vino mezclado con lluvia, una ducha, unos labios, o la desnudez sin pudor de quienes pierden la ropa de solo mirarse.

Te prometo amor que solamente
Yo tengo en mi mente pedirte una noche”.

Y les dan (como a Sabina) “las diez, y las once, las doce y la una, las dos y las tres… Y desnudos al anochecer nos encontró la luna”. Juntos.

Terminan dándose más de una noche, y más de un pedazo de piel, porque se prometen rosas y espinas, Principitos y zorras, desafiar lo impensable, derribar muros y puertas, y curarse de viejas heridas.

“Yo te prometo que yo
Seré quien cuide tus sueños
Y cuando tú estés despierta
El que te ayude a tenerlos.

“Yo podría prometerte el mundo
Tu prométeme una madrugada”.

Y vuelve el atardecer y los sorprende sentados la orilla del mar, así como por casualidad, o causalidad, o destino, se encuentran. Y ya solo quieren saber (como Borges) con qué pueden retenerse.

Sí, a veces quienes dicen no prometer nada en absoluto son los primeros en descifrar la grandeza del TE y del QUIERO. Juntos. Si los dejan

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