Estruendos

Se derrumba una parte de la ciudad y se desborda el río. El poeta muere con una esquela en su mano:

“Son las dos de la tarde.

Tener amigos por solo una semana,
es el oficio más triste del mundo.
Y he aquí que los viajeros se consuelan
dando una falsa dirección:
disimulan sus lágrimas poniendo en hora los relojes.

En París, casi siempre, son las dos de la tarde.”(1)

Los relojes se detienen para verlo pasar: ataúd, escombros, y poeta. Un amasijo de letras y polvo. Todos los relojes del mundo, sincronizados, marcan las dos de la tarde.

 

(1) Yamil Díaz Gómez (Discurso en una esquina de Paris)

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