Fotógrafo en posguerra

Regresó para hacerse la foto que faltaba, la última. La foto de posguerra. Todos los barrios tienen un fotógrafo, quien saca copias al adiós y la nostalgia. Regresó y ya no se llamaba Mambrú, ni tenía nombre, porque la guerra queda lejos. Regresó para quitarse la capucha y no bajar la guillotina, sólo porque tú estabas.
En Cherburgo no llueve: cae la ausencia. Y regresó, entonces, como fotógrafo en posguerra.

 

FOTÓGRAFO EN POSGUERRA

Muchachas que una vez creyeron esas cartas,
yo,
que nunca he existido,
les advierto:
Todos los barrios tienen un fotógrafo,
quien saca copias al adiós y la nostalgia.
Basta gritar: ASÓMENSE,
y allá vienen las viudas con una flor podrida,
ahí vienen el verdugo de posguerra,
los locos de posguerra,
la puta de posguerra…

Todos los barrios tienen
un amargo refrán que los ancianos no pronuncian,
y un farol
del que año tras año brota la primavera,
y una pandilla de muchachos que apedrean las victrolas
para que Adelita no pueda irse con otro.
Pero todos los barrios tienen un balcón
que no ha de abrirse cuando pase el retratista.

Muchachas que una vez creyeron esas cartas
donde yo hablaba del amanecer,
perdonen mi mudez,
las golondrinas,
la gota gris del otoño en los portones;
pero —por Dios— no salgan.
Ya no puedo correr ni sonreírles.

Cuando los niños jueguen a disparar sus dardos,
enseñen a mis hijos
que no se mezclan las cartas de amor con las postales de combate,
porque así como todas las fotos de la guerra son la última foto,
todas las cartas de amor son la primera carta.
Cuando los niños jueguen a disparar sus dardos,
enseñen a mis hijos que no se apunta al corazón.

Muchachas que una vez me esperaron tras un arpa,
yo soy el otro
—el que se fue con Adelita—,
el que repite:
ASÓMENSE;
MUESTREN LA PIERNA QUE NO TENGO,
LA RISA QUE NO TENGO;
TRAIGAN GRAMO POR GRAMO SU AÑORANZA.
YO LES RETRATO LA DESILUSIÓN.

Aunque nunca he podido dejar en una efigie
mi cuerpo de humo,
mi corazón de humo,
les adivino un porvenir desde mi cámara.
Dicen que un arpa sonará,
que algo va a renacer,
y nadie más perderá su barrio y su farol;
mas ahora posen para estas instantáneas que engordan el pasado.
(Todos los barrios tienen un Miguel de Nostradamus,
y es el que pasado lo que profetizan).

El pasado se anuncia en las vidrieras empolvadas
cuando trato de hallar en la penumbra
la frágil voz de esas muchachas que algún día
leerán emocionadas estos versos.
Esas muchachas algún día comprenderán que la guerra no ocurrió en el pasado:
el pasado es la guerra.
Es un raquítico fantasma
que va, detrás de mí, de barrio en barrio
cuando repito:
ASÓMENSE, RETRÁTENSE,
PERO —POR DIOS— SONRÍAN.
(DICEN QUE SOMOS LOS SOBREVIVIENTES).

Yamil Díaz Gómez

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