Delirio

Meterse en una maleta e irse no es tan fácil como se escribe.

A veces hay que acudir a cierta melodía que nunca habrías vuelto a escuchar de no ser por el puñado de añoranzas que se te clavan en el cuerpo.

Me decido a tararearte todo lo que se te extraña
desde el siglo en que partiste hasta el largo día de hoy.

Una a veces se queda en despedidas a medias y luego con los años (ocho años tal vez) miras tu vida en retrospectiva, como en una película. Y quisieras haberte quedado en momentos enteros, y no en trozos.

Una tendría, por ejemplo, sus pedazos completos (esos en los que te deshiciste para alejarte: una sonrisa tal vez, unos ojos al pasar, unos labios en un muro…) Las canciones completas de Matamoros sobre la cama…Matamoros en un casete, en una grabadora vieja, y tú sobre la cama. Cuando lo recuerdas sabes que no te has ido del todo…

Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan
pero donde quiera que ando todo me conduce a ti.

No. No te has ido del todo. Y miras al cielo porque sabes que es el mismo aquí o allá. Buscas algún punto lejano que te tortura. Y hablas contigo misma las locuras que sabes no volverás a pronunciar ante alguien más.

No exagero si te cuento que le hablo a tu fantasma,
que le solicito agua y hasta el buche de café.

Una lágrima se asoma para saber cómo anda el clima. Nublado y sin estrellas. O quizás está muy bonito el cielo, pero lo que está nublado son tus ojos. Especialmente la casa me parece insoportable.

Busca en internet -te dices- porque internet debe tenerlo todo. YouTube -te dices- debe tenerlo todo. Escribes entonces un nombre a ver si aparece algo. Y aparece. Sí aparece. Ahora tienes varios videos como en la película de tu vida. Y te entristece tener que acudir a las voces y los fantasmas digitales para escuchar, al fin, que tu mano derriba las noticias y tu mano me toma de la mano, que entre mi rostro y mi capucha corrieron lágrimas amargas, y que la muerte debe detener su fluir porque lo triste no es ir donde tu verso retumba, sino llevarse a la tumba tantas cosas por decir.

Y tú no quieres llevarte todo esto a la tumba. No quieres que bajen la guillotina. Así que te dices a ti misma, te suplicas a ti misma: cuando puedas, vuelve, porque acecha tu fantasma.

Y ahora es el filo de la soledad
el que va cercenándonos por dentro,
porque la vida no va a empezar otra vez

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