Off

Los casi 150 días que he estado alejada de Facebook y del blog han pasado sin penas y con algunas glorias. Algunos creyeron que los había bloqueado, otros que estaba enferma, gravemente enferma, y empezaron a pensar en las flores para mi entierro. Los menos -pero más importantes- han lanzado hasta señales de humo para saber de mí y de mis nuevos despistes e impertinencias.

Lo cierto es que me he mudado dos veces, me he desvelado unas 27 noches, he cumplido 31 años sin aspavientos ni fotos en redes sociales, he endulzado menos el café, tengo una vela anaranjada y una lámpara azul. Mi hermano se peleó de su novia. Mi hermano volvió con su novia. (Yo sigo mirando cómo los demás se pelean y vuelven…) Me he reído a carcajadas en la oficina para ahuyentar el estrés (y el escuatro y el escinco…) Me he maquillado más y he paseado con las manos delante, tipo zombi, para que alguien se tropiece y me diga lo bonita que están mis uñas pintaditas, y seguir caminando entonces como si nada, mientras alimento mi vanidad.

Activé, sin querer, la alarma sísmica de una tienda, y escapé antes que llegaran los bomberos, la policía, o algún otro uniformado (contrariando el consejo de una profesora que tuve en la universidad que afirmaba que cuando venían la policía, los paramédicos, los bomberos…era cuando más había que quedarse, porque eso representaba una avalancha de testosterona, y una nunca sabe dónde va a conocer al amor de su vida…)

He cocinado más para mí y digiero la comida con cierto optimismo de que va quedando cada vez “menos mala”. Pero luego veo las fotos de una paella que un amigo me envía y me dan ganas de tirar mis platos a la basura y aparecerme allá en su “Friolandia” -como él le llama a su país muy lejano, para que me alimente.

Tengo dos botellas de vino tinto guardadas en un closet, al lado de unas botas que pensé estrenarme este invierno si lograba pasar la Navidad, el fin de año y el inicio del 2019 con la parte de mi familia que desde noviembre tiene nieve.

Le tengo lista una carta a St Claus, pero no sé dónde dejarla porque no tengo arbolito. Es muy breve: quiero enmendar dos cosas que aun no hago: conocer la nieve, y comer de esa paella.

Por lo pronto estoy anotando la filosofía de vida de una amiga muy loca-cuerda, ¿y si me muero mañana? “Haga que la película de su vida sea la más emocionante que usted nunca haya visto, deje que esa obra lo haga reír a carcajadas, que lo haga sentir orgulloso”.

Y si he sido más feliz, no me acuerdo.

4 comentarios sobre “Off

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  1. Mujer valiente, que feliz me hace leerte. Me encanta me super mega gusta este post. Friolandia esta sobrevalorado, te lo digo de buena tinta; vete a St. Pete a ver a Dali, alli tambien hacen unas paellas exquisitas… Haz todo lo que te haga feliz sobre todo escribir que de paso nos hace felices a los demás. Nos debemos vinos para el año que viene.

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