Graderío naranja

Foto: Carolina Vilches Monzón

A Yamil Díaz Gómez
A Charly Morales
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos…

 

“He tenido ciertas excesivas aficiones como lanzarme de las gradas por festejar un jonrón y cosas así, que me han llevado a sufrir consecuencias dramáticas y de las cuales no me he arrepentido nunca porque marcan esa presencia del deporte no tanto en lo que escribo sino en lo que vivo”. Eso lo dijo Yamil. Yamil Díaz Gómez, que es cojo gracias a su amor al equipo de Villa Clara.

En él pienso cuando el equipo suyo -el nuestro- llega a la final. Y en un tal Charly, siempre, porque si bien Yamil casi dejó un pie en el estadio Sandino, Charly iba a ese mismo estadio como se va a un templo, con veneración.

Hace años, con rabia por tantos juegos perdidos, maldije mis circunstancias, las de nacer en tierra infértil en béisbol. “¡Mierda de juego! El año que viene no los veo…” Y heme aquí, año tras año, incumpliendo mis insultos. (A veces los insultos son los más difíciles de incumplir) Y vuelvo a sentirme como si yo hubiese pitcheado, bateado, impulsado par de carreras, y hasta agarrado un fly al center.

Lo escribí algún día, y se hizo polvo en el viento: las veces que me desalenté porque Villa Clara perdía la temporada, y al dolor de la derrota predije que no volvería a un partido, sabía que mentía. Sabía que, como quien cae en el marasmo de la droga, siempre regreso, año tras año, como todo aficionado que no puede dejar vacante su insigne puesto de décimo jugador.

Además, ya lo dijo Yamil: “en un play off de beisbol ocurre cualquier cosa: hasta que salga lesionado un escritor”.

Por eso lo recuerdo en instantes como este, cuando Villa Clara vuelve a meterle el guante, la pelota, y el bate a la final del béisbol cubano. A él, que un juego de pelota le cambió la vida –o el pie- cuando el equipo de Villa Clara ganó a Santiago de Cuba y llegó a la final…en el 2004.

“De inmediato, miles de aficionados nos lanzamos a la grama. Ahí mismo a mi tobillo le cantaron el tercer strike: una fractura amenizada por el tambor de la victoria. Ya lo decía; siempre voy al estadio para aprender. Y la noche del martes 30 de marzo de 2004, en el Sandino, recibí dos lecciones: primero, con la tropa naranja no existe nada decidido hasta el out treinta o cincuenta; segundo: tirarse de las gradas al terreno es algo que realmente está mal, ¡pero muy mal!…”

Él se lanzó. Yo me lanzo, de cabeza casi, aunque sea él quien se robe -no la base- sino el título de aficionado insignia del equipo que amo.

Yamil afirmó en una entrevista lejana: “Yo de alguna manera soy un campeón de las gradas”.

Amén.

Una vez Charly me dijo: “Villa Clara no gana la pelota desde mi secundaria, y para mí es y será el mejor equipo del mundo, porque el amor cuando es de verdad no admite teoremas…”

Amén.

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