te amo

La segunda vez que me dijeron te amo yo quedé sin respuesta, como también ocurrió aquella primerísima vez.

En el primer te amo yo estaba en México, 19 de septiembre de 2017, 4 horas después del terremoto que desoló a la ciudad. Me movía entre escombros y ruidos de sirenas para buscar un sitio donde mi celular se conectara a internet y poder avisar a todos que yo estaba viva. México parecía zona de guerra, o más bien, una zona de posguerra.

Las sirenas no cesaban. Sirenas de bomberos, sirenas de ambulancias, a lo que se sumaban los helicópteros sobrevolado. Parecía uno de esos finales de películas de catástrofes en los que solo se escucha eso: sirenas, y helicópteros.

Ahí, con cuidado de no pegarme mucho a los cristales ni a las paredes agrietadas, pude responder par de mensajes. Al menos a los que insistían en saber de mí porque la televisión, desde lejos, les mostraba imágenes de escombros, humo, devastación…

Recuerdo que le dije: estoy bien. Y ante la euforia de saber que no había muerto, me respondió: ¡te amo, pinga!

Esa, y no las veces de mayor romanticismo de algún noviazgo, sino esa, fue la primera vez que me dijeron te amo. Un te amo desesperado, como en una película de guerra cuando los sobrevivientes se reencuentran.

Entendí entonces, y entiendo ahora, que el te amo no llega de la persona más predecible ni -necesariamente- en una relación de pareja. Te amo puede ser un “sobrevive”, y ayuda a salir de los escombros o a meterse en los escombros, es como un suero para continuar.

El segundo te amo, diciembre de 2018, fue luego de una conversación larga, larguísima, una de esas conversaciones donde ninguno de los dos menciona lo que extraña al otro ni la falta que hace un abrazo.

Él sabía que no me iba a ver en las celebraciones navideñas, ni el 31, ni el 1ro, ni los días sucesivos. Sabía, además, que yo lo iba a pasar sola. Él nunca se ha podido despedir de mí. Nunca. Cuanto más un abrazo en la acera, para alejarse sin mirar atrás porque atrás estoy yo y no quiere que yo vea sus lágrimas.

Te quiero -le dije a modo de despedida. Y él, mi hermano, el hombre más constante de mi vida, me respondió: y yo a ti te amo.

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