Momo

-“¿Y cuándo naciste?

– Por lo que puedo recordar, siempre he existido”.

Michel Ende, Momo

 

 

Siempre he existido, por lo que puedo recordar. A veces me reinvento. O me reinventan.

— Tengo ganas de escribir.

— ¡Pues escríbeme que hace rato no lo haces!

Casi siempre tengo ganas de escribir, aunque tenga poco tiempo para ello. Tiempo -como el que robaban los hombres grises que llegaron a la ciudad donde vivía Momo. Momo es una niña pequeña en una ciudad grande. Como yo.

— Tú eres Momo por definición, no hay más que agregar.

Y sigo leyendo, porque tengo ganas de escribir, sí, pero no quiero poner el libro a un lado. Había querido leer Momo desde que alguien me dijo que yo me le parecía, porque sé escuchar. Y quiero leerlo más ahora que me vuelven a llamar por ese nombre. Momo.

“Sólo Momo sabía esperar tanto y entendía lo que decía. Sabía que se tomaba tanto tiempo para no decir nunca nada que no fuera verdad. Pues en su opinión, todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, las dichas a propósito, pero también las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión”.

El libro llega justo a tiempo. Ni antes ni después. Ahora, justo ahora, cuando tengo más noches de desvelos y ganas de volar, y de hablar y de escuchar, llego a una librería y encuentro a Momo. Como aquella vez que entré a ese mismo lugar y vi a Paula, y se lo compré a mi madre, porque le pertenecía.

Momo me pertenece…

“…las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla. (…) Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. (…) Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.”

… yo, como ella, siempre he existido, por lo que puedo recordar.

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