Cuéntame algo

Sabina (Lena Olin) y Tomas (Daniel Day-Lewis) en “La insoportable levedad del ser” (1988)

Tomás creía que “hay que mantener la regla del número tres. Es posible ver a una mujer varias veces seguidas, pero en tal caso no más de tres veces. También es posible mantener una relación durante años, pero con la condición de que entre cada encuentro pasen al menos tres semanas. Quería tener la seguridad de que la amistad erótica nunca llegaría a convertirse en la
agresividad del amor, y por eso mantenía largas pausas entre los encuentros con cada una de sus amantes”.

Milán Kundera. La insoportable levedad del ser

 

 

 

Cuéntame algo -le dice. Como si le dijera: dame un beso en la frente.

Cuéntame algo. Y hace silencio para escuchar, porque cualquier cosa que él le cuente, le va a ayudar a espantar un poco la soledad.

Espantar un poco la soledad significa hablar, de vez en cuando, cinco minutos. O verse, de vez en cuando, una hora a lo sumo. No más.

El resto del tiempo cada cual vive una vida como Sabina y Tomás, los personajes de la novela de Kundera. Sin ataduras. Y con esa rara comunión de entenderse hasta en los silencios.

A veces extraña el abrazo que demoran en darse. O ese roce que se fue haciendo más necesario. No hubo, sin embargo, cumpleaños, ni navidades, ni días festivos que celebrar en común. Las postales quedaron en otro país, con otras personas.

Escena de la película de Kaufman

“Ella había vivido algo hermoso, y él no lo había vivido con ella”

Ella no le dirá que se muere de nervios en cada tormenta y aun así se sube al auto para encontrarlo. Ni que se ha despertado entre lágrimas, y no hay nadie a quién pedirle ni un vaso de agua. Ni a quién preguntarle si aún él está bien. Si no le duele nada. Si se está alimentando. Si tiene algo más que aguas o gelatinas en su nevera.

Tampoco se lo dirá si vuelven a verse. Como tampoco le recordará que lea el libro que le dio hace un año -o que se lo devuelva- porque es su lectura de cabecera y ella se la entregó porque quería decirle que ahí estaba escrita la historia de ellos dos.

Si vuelven e verse… En ese tiempo tan corto no caben dramas ni preocupaciones. A duras penas alcanza a pedirle: Cuéntame algo. Así, como si le pidiera que la abrace y le vuelva a unir todos sus pedazos rotos.

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