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Eliseo

Eliseo Diego me despierta en las noches para leerme un poema mientras regresamos a esa Habana donde nació. Luego me arrulla y me devuelve el sueño en la Ciudad de México donde murió. Y yo quedo atrapada entre las dos ciudades, con un solo Eliseo.

“no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;

decido hacer mi testamento.

Es este:
les dejo
el tiempo, todo el tiempo.”

…Y cuando crees que naufragas en tu mar propio, sin botella con mensaje que te salve, alguien llega en su barca, te sostiene del brazo, y te sujeta fuerte:

“Deseo que esté todo bien por allá mientras intento aferrarme al poder de las palabras para hacerme sentir cerca desde este rinconcito en donde amanecí embriagándome entre tus botellas con la voz de Sabina repicando en mis oídos (…) te ofrezco una imagen tomada el sábado pasado mientras salía a hacer unas fotos por encargo. De camino sentí la obligación para conmigo de dejar de pedalear para oprimir el obturador de la cámara. No hubo margen a recomposición de imagen. Sabía que era la mejor toma y quise llevármela conmigo… con la mera intención de hacértela llegar luego como premisa de quien te espera de pie… ansioso por verte regresar a esta orilla tan tuya”.

Me la entrega junto a un abrazo de los que me consta son únicos, por “rompehuesos”. De esos abrazos que une cualquier pedazo suelto sin cirugías. Me aferro al mensaje como el náufrago a su tabla. Al menos hoy puedo decir, como José Martí, que “Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”.

Regreso a la orilla del mar, sin ahogos ni alucinaciones. Me refugia en un abrazo, y me salva.

Punto

Esa fue una de las pocas veces que miró atrás al despedirse. Sin embargo… Esa fue una de las pocas veces que al punto final de los finales no le siguieron tres puntos suspensivos.

Mapas

Van Gogh

“Cuando uno tiene sed
pero el agua no está cerca…”

Jarabe de palo

 

Alguna vez quiso que ella fuera su mapa, una cartografía completa en su piel.

“Y los iceberg asesinos se convierten en escarcha
cuando el cartógrafo sube la escala.
Y enfrento a los meridianos y sus franquicias horarias
y un paralelo me atraviesa el alma.
Te has convertido en mi mapa”.

Él le dijo de Sabina, Silvio, Pablo, Jarabe de palo…y la envolvió en varias de aquellas canciones que hoy le recuerdan que ella está en alguna parte, en algún recuerdo, en alguna latitud lejana.

Los trazos que no fueron le impulsan a recorrer el mapamundi con el dedo, como si la acariciara, como si ese mapa fuera ella. Mientras, la música insiste en sus memorias.

“Qué hacer, tú lo sabes,
conservar la distancia,
renunciar a lo natural,
y dejar que el agua corra”.

 

Guión

Fue tarde de confesiones. Confieso que… (y le entregó las palabras que no dijo durante años).

Palabras que llenaron varios vacíos de antaño.

¿Alguna vez lo escribirás?

Y sí, parece novela del siglo XIX. Pero no sabe cómo ponerla en letras. Los personajes aun no concluyen sus historias. Aun llevan una rosa náutica sobre la piel.

Génesis

Al principio fueron los ojos. Y se miraron detenidamente, como quien quiere aprenderse.

Al principio fueron las manos. Y se rozaron sin tocarse.

Al principio se compartieron las canciones que hoy evocan. Las mismas que hoy se dejan en botellas vacías, cerca del mar:

“A veces cuando estoy perdido
como un marino en lontananza
veo tu rosa de los vientos
y vuelvo a respirar confianza.

A veces cuando estoy vencido
me da por consultar tu mapa
y espero que respetes el tratado
sobre náufragos prohibidos
sobre botellas con cartas”.