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cronopio

El cronopio se perdió en la distancia. Una fama lo perseguía. Y las famas a veces pueden ser muy tercas.

estocada

La hirió con las mismas armas con que la había salvado meses antes: con palabras.

paisaje azul

 

 

El mar se deshizo bajo sus pies. Desde entonces solo queda la lluvia.

Foto: Mary Ortiz, la amiga que me salvó el día

A Mary Ortíz, por la foto y recordarme el poema de la Dulce

 

 

Criatura de isla, como me describió la Dulce María Loynaz. Criatura salvaje que se refugia, de tanto en tanto, en algún pedazo de mar, que necesita el mar aunque sea dibujado en un papel. El mar…

 

“Rodeada de mar por todas partes,

soy isla asida al tallo de los vientos…

Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:

Puedo volar o hundirme… Puedo, a veces,

morder mi cola en signo de Infinito.”

 

En frágiles versos la voz de la poeta (que renegaba de la palabra poetisa), se alza en las olas. Se pierde, naufraga, y siento que me encuentra y me renace. Necesito estas distancias y aquellos mares.

 

“Soy tierra desgajándome… Hay momentos

en que él me ciega y me acobarda,

en que el agua es la muerte donde floto…

Pero abierta a mareas y a ciclones,

hinco en el mar raíz roto.”

 

Allí, donde la mujer innombrable huye como una gaviota…Ahí no queda siquiera mi retrato. Yo quedo lejos, pero siempre, siempre, respiraré cerca del mar.

 

“Crezco del mar y muero de él… Me alzo

¡para volverme en nudos desatados…!

¡Me come un mar batido por las alas

de arcángeles sin cielo, naufragados!”

— ¿Qué te pasa? Cada vez que lees los poemas más tristes de Carilda, me asusto.

— Junio, eso es lo que pasa. Debe ser que, como en diciembre, siempre hacía mis maletas y me iba a casa. Ahora estoy acostumbrándome a estar lejos. Como no me voy, como no hago maletas, como no me echo en una maleta, me invade esta sensación tan fuerte de soledad. Y solo quiero leer, escribir, ver cine de arte, y escuchar jazz.

— No me gusta que estés así.

— En diciembre fue igual: decidí quedarme, y cuando llevaba diez días ya quería volar, irme como ave, por cualquier ventana. Este mes yo estaría ya cerca del mar, sucumbiendo a sus sonidos, y perdiéndome en sus aguas al atardecer. Y estoy en medio del asfalto, y ni siquiera el cielo es muy azul que digamos.

Aquella maldita circunstancia del agua por todas partes; este maldito desamparo de no ser ni de aquí ni de allá.

— Estás gris. Lloras.

— Donde quiera que voy, vuelvo a aquellas calles de la infancia, los sabores de antaño, las voces conocidas… Necesito hacer recuerdos nuevos, olores nuevos, sonidos nuevos que me atrapen en este otro pedazo de tierra, o tampoco podré quedarme. ¿Ves, como cuando te digo que nací a destiempo, en una época a la que no pertenezco? Así, pero con un anacronismo sublimado.

“Tú también descansa. No te desveles”.

1:24 am: Ni Carilda logra salvarme cuando la piel quiere irse en sus manos, desvanecerse en sus manos, renacer en sus manos:

“Y me he quedado temblando
como quien no come sino polvo,
como quien ya extravió la sombra”.

Y no descanso. Y me desvelo.

desencuentros

“…al andar se hace el camino y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

Antonio Machado

 

-Nunca pensé que diría esto, pero: me duele leerte. ¿Entonces te perdí?

-¿Cuándo me tuviste?

 

Me ha dolido la garganta –más que por la faringitis- por repetir que no debemos quedarnos con palabras atoradas. Es un consejo que repito a los que me son cercanos, y lo ilustro con una imagen muy peculiar: si no hablamos, la otra persona no puede adivinar qué hay ahí dentro de la cabeza, créanme, no sucede como en las caricaturas, y cómics, que un globo se dibuja sobre nuestras cabezas como nube, con las letras precisas. No, eso no ocurre.

Como buen cronopio, además, no me doy por aludida si no me pronuncian, palabra a palabra, lo que piensan de mí, lo que quieren de mí (o conmigo). Aun así el riesgo de mis negativas, de mis miradas hoscas, permanecerá. Pero me desconcierta más ese decir a medias, o no decir, el creer que estaré ahí, inmóvil, para cuando se decidan a hablar.

Érase una vez…después de mucho tiempo de conocernos, un él que me dice que me quiere, que no imaginó que alguna vez yo fuera a ser novia. Novia –y me lo repite como si me escupiera un reproche, más bien lastimero.

Érase esta vez… después de mucho tiempo de conocernos, corto sus lazos y puentes, le niego mi voz y mis letras. Le digo de respetos y distancias. A fin de cuentas yo ni sabía que me tenía metida en su cabeza. Después de tantos años de navegar sola, hoy encallo en puerto seguro, o que creo seguro, o que al menos me da seguridad. Después de tantos años llego a ÉL, y le pregunto dónde estaba (como si lo hubiese buscado con brújula y mapas). A ÉL, que me dice, palabra a palabra, que me quiere. Y lo miro como quien descubre un planeta, porque no conozco otro él que ÉL.