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Posts Tagged ‘alegrías’

Ojalá que no pueda

tocarte ni en canciones.

Silvio Rodríguez

 

 

Ojalá…

Si yo supiera escribir como Silvio Rodríguez (quien creo que también merece un premio literario, como Bob Dylan), reconstruiría el mundo con palabras, como ellos saben hacer.

Reconstruiría, sobre todo, mi mundo. Y me reconstruiría a mí.

Escribiría de tristezas y dolores, de lágrimas…De certezas y virtudes, de alegrías…

Ojalá…

Pero a veces el tiempo llega, y no nos encuentra.

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niña con corazón“En una ocasión fue a verme junto a su esposo, yo los esperaba cerca del mar, y el viento estaba frío. Mis brazos estaban igual que el viento. Cuando se acercó para el abrazo, se zafó la única prenda que podía servir de abrigo y me la dio. Meses después supe que ella es reacia al invierno, que al menor aire frío se congela, sin embargo, aquella vez prefirió cubrir mis brazos antes que los suyos.” (Quien a ternura mata…)

No es por ti, hermana, que escribo un post tan desolador. No es por ti, que has sido Atlas y mapa, y escudo contra la desazón del mundo. Aunque mis depresiones me hayan alejado y termináramos sin encontrarnos esta vez.

Esta es solo una vez de muchas veces que serán. Y entonces nos veremos, y seré más fuerte y estaré menos dolida –a fuerza de pasar tantas veces por las mismas traiciones y heridas- y nos abrazaremos. Y dirás que me quieres sin tamaño. Y te diré que te quiero mucho, un montón, un chingo –como aprendí a decir en México.

Te veré, para que se repita una escena como esta: “Estoy perdida, lo sé -le digo, o me dice. Y aunque el niño no me reconozca cuando me vuelva a ver, entre mi hermana y yo no caben ausencias, ni olvidos. ― Estoy perdida, lo sé. ― ¿Perdida? ¡Tú y yo siempre estaremos encontradas!”

Tú me creciste en el momento justo, con el sobrino justo, con las palabras justas. “La palabra precisa, la sonrisa perfecta”. Y estás. Estás, sin importar latitudes y aunque caigan raíles de punta –me lo escribes, y yo lo sé sin leerlo.

Este, es cierto, no es el post del borracho que unió nuestras vidas. Es otro, como dices: con otras esencias, dolores, y nostalgias. Es otro, pero somos las mismas. Ya para las risas o para las nostalgias. Somos las mismas que nos confesamos nuestros desvelos aun en la distancia.

Suscribo, letra a letra: “Ella asume el lugar de hermana mayor que por cariño le corresponde (…) Ella es, además, uno de mis Atlas –esto es, como el gigante de la mitología: una de las personas que sostienen mi mundo”.

Y vuelvo a tu blog y al mío. Como escribí un día: “Yo también regreso a sus Tintineos una y otra vez, hasta no cansarme. Hasta aprenderme el camino de sus letras. Hasta convencerme de que hay adicciones más fuertes e ineludibles que al café. Adicciones a estrechar lazos con las personas que son tu amuleto, tu Atlas, tu familia”.

Y a la familia, hermana, no se le olvida ni se le escriben post hoscos y desalentadores. Ese tipo de letras, definitivamente, nunca será por alguien que tanto quiero. Nunca será por ti.

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a-la-puesta-de-solA veces –la mayoría- cuando perdemos algo o alguien, es que le añadimos el valor entrañable. Entonces queremos decirle mucho en poco tiempo. Contemplarlo con la paciencia que no le tuvimos antes. Y pensamos en ese antes, cuando ya se acerca el después.

Me he puesto a filosofar. O a divagar. Sucede que desde hoy seré una persona sin correo electrónico. Y eso, en tiempos de inmediatez al amparo de un clic, resulta una pérdida fuerte.

A través de esa dirección de email he encontrado y reencontrado a varias personas. He mantenido puentes con los amigos más alejados. He puesto un saco de abrazos a cambio de que me quieran sin tamaño. Hay mensajes que tengo gastados de tanto leerlos. Por esos trillos digitales he susurrado palabras y lanzado tantas botellas como esta. Me han escrito en mayúsculas. Me he ilusionado. He hecho confidencias. He contado de desvelos, alegrías, tristezas.

Pero como escribió un amigo hace cuatro años: “El tiempo que nos toca en el reino pensante está hecho de roces, de adioses y bienvenidas. Cada Hola presagia un Hasta luego, y este, a su vez, puede alumbrar otros encuentros. Como en una imparable cadena de comuniones y desenlaces que nos va llevando del primer grito al último”.

Y aunque otro amigo advierta que gusta más de bienvenidas que de adioses, hoy me toca abandonar un vínculo de años a fin de romper el enlace con el lugar que me lo proporcionó.

Dejo el email tan vacío como lo recibí -blanco total- Mas, no se queda igual. Después de 9 años conmigo no debe estar tal cual lo acogí. Hay palabras aprendidas, guardadas, traspasadas, que no se pierden. A fin de cuentas, el que se va es mi buzón. Yo me quedo.

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