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Posts Tagged ‘Carilda Oliver Labra’

Deja que te hable de mis sueños

que tras el tiempo se escondieron

pero que contigo han vuelto.

Jarabe de Palo (Realidad o sueño)

 

 

Te miro y tiemblo, como en aquella canción que nunca escuchamos. Tal vez por la lluvia y lo gris del día –o a pesar de la lluvia y del gris del día- se revuelven aquí dentro todos los recuerdos que no hemos tenido:

La noche que invocaste a Galeano porque tenías una mujer atravesada entre los párpados, la desnudez inquebrantable que describiste minuciosamente citando a Dalton, y aquel par de poemas que no deben ser para nadie más, porque nadie más entendería Los formales y el frío, o Los amorosos, como nosotros.

El atardecer frente al mar. Y el vino tinto, y el cumpleaños inventado para celebrar, fuera de fecha, porque el día que todos fueron yo no llegué a tu fiesta. Y los conciertos en casa, con Sabina, Ana Belén, Melendi, Buena Fe, Serrat, Carlos Varela, Enya, Adele, Lecuona…

Tu mano en mi rostro cuando yo te decía, como Carilda, que eras mi Muchacho loco, y que Me desordeno. Tus brazos cuando me envolvías en ese abrazo tuyo.

Los libros de Kundera en la madrugada, las fotos viejas que no nos hicimos, los versos de Martí y las citas de Fernando Ortiz y Guillén que nos volvieron ajiaco y mezcla de congo y carabalí.

Las veces que busqué a tientas tu mano, los ramos de romerillos que adornaron la mesa, el café acabado de colar, las conversaciones largas mientras derrumbabas las murallas de La Habana y domesticabas a este animal salvaje.

La noche que reescribimos A la orilla de la chimenea, solo porque mencionamos par de estrofas: Puedo ponerme cursi y decir / que tus labios me saben igual,/ que los labios que beso en mis sueños.

La madrugada que se esfumaron los miedos, y la cordura se quedó en el mínimo. La noche que se hizo día mientras te pedía una y otra vez: mírame. Mírame, porque ya me perdí, y estoy loca. Y te quiero.

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mar

Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig

“Guárdame el tiempo,
guárdamelo.
Te lo pido con rabia,
con ternura,
con todo lo que no es palabra”.

Carilda Oliver Labra

 

 

 

Vuelvo al mar. Me lleno los ojos de mar, y lo huelo despaciosamente.

Vuelvo a la orilla, y juego a atrapar el agua que se escapa. Me quedo, frente a todo, detenida; aunque quiera sentir que el agua recorre mi piel, toda, que me inunda.

Quiero atrapar cada gota, quiero que ese sonido me arrulle. Quiero tener tiempo, pero como el agua, también se escapa. Y no vuelve. Tampoco yo, cuando vuelva no seré la misma. Me llevo, sin embargo, este sonido, este olor, este arrullo como de romance.

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labiosDespierto a medianoche y te hablo. No sé si estás despierto, ni siquiera sé si estoy despierta, pero te hablo. Se me escapa un pedazo de poema, y me preguntas qué nombres digo, qué digo, qué nombres… Y menciono a Dulce María Loynaz y a Carilda Oliver Labra. Me ves sin entender, sin entenderme, sin entenderlas. Te cito versos de cada una:

La Balada del amor tardío, de la Dulce María:

“Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?”

Y me guardo la palabra atardecer, y la escondo de todos, y de mí misma, porque los atardeceres son irrepetibles. Eso creo, que si algo especial existe es un atardecer. Y no lo digo, solo lo escondo.

Y cito también Se me ha perdido un hombre, de Carilda:

“Yo pensando
en dónde está la mitad del cuerpo mío,
en quién va a cantar ahora para quitarme
el miedo,
en las veces que no nos besamos
y en las que nos besamos,
en sus ojos coléricos frente a la injusticia,
en ese silencio con que me responde,
en la herida que nunca le cosí,
en sus manos.”

Y me guardo la palabra manos, y la escondo de todos, y de mí misma, porque tus manos son irrepetibles. Eso creo, que si algo especial existe son tus manos. Y no lo digo, solo las escondo.

Miro tus manos, cada vez más nítidas, y no. Cada vez más cercanas, y no. Como los atardeceres. Efímeros. Efímeras.

Despierto a medianoche y te hablo. Me quedo repartiendo palabras al azar, poemas al azar, te busco al azar, y no hay nadie. No hay más nadie que yo –sola- en la habitación. No sé si estás despierto, no sé si existes. Ni siquiera sé si estoy despierta, no sé si existo. Mas, se me escapa un pedazo de poema, un atardecer, y tus manos…

 

(Solo porque me gustan las manos, y espero alguna vez, encontrar las que me acompañen, y despertar diciendo todo esto. Y ver, junto a otras manos, un atardecer, frente al mar)

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