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Posts Tagged ‘Charly Morales’

“Me voy pal´ Clara” –así resumía un amigo su viaje a la ciudad natal.

“Te veo en el Clara”. Y sí, nos veíamos en ese pedazo de terruño que compartíamos porque habíamos tomado de las mismas aguas desde el nacimiento. Las raíces todas quedaron allá, a kilómetros de donde estamos ahora, océano de por medio. Guardadas en el Clara que no sabe de mar.

Fuimos al mismo estadio de pelota, ese que él después bautizaría como su templo. “Porque al Sandino se va a reír, llorar, hasta a rezar…porque una vez que eres del Clara, no hay vuelta atrás, se convierte en el mejor equipo del mundo aunque no gane desde la infancia”.

Y la trova… Hay mucha trova en el Clara. Y hay un Mejunje. Y un parque Vidal con un niño que refresca las tardes calurosas con el agua que sale de su bota agujereada.

Allá en el Clara dejamos los recuerdos primeros, a los que se regresa una y otra vez. Y los olores y la música que se nos cuela.

El Clara hoy está de aniversario. 328 años de su fundación, y esta noche habrá concierto del trío Trovarroco. A mí me encanta el trío Trovarroco, me encanta recorrer la ciudad cada 15 de julio, me encanta aprendérmela por sus olores y misterios. Santa Clara… Mas, esta vez le quedo lejos.

Yo haré –contigo en la distancia– mi propio concierto de Trovarroco y brindaré largamente a la salud del Clara.

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estadio Sandino

Foto: Carolina Vilches

A un tal Charly, por esta divina pasión que nos hermana.

Regresar otra vez a las gradas del estadio Sandino me hace recordar las tantas veces anteriores, cuando quedar ronca no era mayor riesgo que perder un partido.

No conservo con nitidez mi remembranza primera, la que desató la serie de visitas que sucedieron continuamente, temporada tras temporada. Mi seguridad es solo una: antes de aprender a escribir, leer, o reconocer los números, mi padre me inició en la sagrada pasión por el equipo de pelota.

Me llevaba entonces sobre sus hombros, y así estuvo el tiempo necesario hasta que yo sintiera el béisbol correr por mis venas. Juntos disfrutamos las congas, los coros, las “olas”, los aplausos. Los robos de base, los hits, jonrones…

Muchas veces me desalenté porque el Villa Clara perdía la temporada, y al dolor de la derrota predije que no volvería a un partido en vivo. Sabía que mentía. Sabía que, como quien cae en el marasmo de la droga, siempre regreso, año tras año, como todo aficionado que no puede dejar vacante su insigne puesto de décimo jugador; y batear, pitchear o dirigir la novena allá, desde las gradas.

Todos mis instantes de tensión, de alegría, de tristezas por un equipo de pelota, han ocurrido en un solo estadio; el Augusto César Sandino de Santa Clara.

Incluso mis únicas fugas del preuniversitario no fueron para ir a casa a comer algo o descansar, sino para llegar al estadio en plena etapa semifinal y sentarme en algún puesto lejano de home –donde las cámaras no hicieran evidente mi escapada- y sentir la adrenalina de un juego de pelota.

Años después descubrí a más de un coterráneo que ha vibrado en esas gradas hoy pintadas de naranja. Como mi amigo Charly Morales, que me asegura el Sandino es su templo, ese espacio donde él puede irse a meditar, a rezar casi, a disfrutar cada jugada, y a sufrir.

Una vez me dijo: “Villa Clara no gana la pelota desde mi secundaria, y para mí es y será el mejor equipo del mundo, porque el amor cuando es de verdad no admite teoremas…”

Por eso cuando luego de 18 años el equipo volvió a alzar el título nacional, y yo me sentí mejor que el día de mi cumpleaños y el de mi graduación juntos, en la primera persona que pensé fue en Charly.

Quién sabe cuántas veces coincidimos en ese templo sin saberlo. Sentados quién sabe a qué distancias, pero vibrando por el mismo motivo. La pelota une.

Dijo Carlos Tabares que los peloteros cubanos dejan la piel en el terreno. Desde las gradas, cada aficionado también deja la piel. En el Estadio.

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Desde que Charly Morales supo –ya por intuición o por la confirmación del ultrasonido- que su hijo sería varón, comenzó a escribir en todos sus espacios que pronto iba a conocer a su bebo.

La primera vez que supe del niño, aún antes de nacer, ya su padre le llamaba así, por eso no me extrañó que el primer mensaje que me enviara luego de que la criatura saliera del vientre de Eliurka, fuese este: “Te debía este aviso personal aunque seguro ya lo sabes: nació mi bebo y estoy loco por él”.

Lo que sí me extrañó -y más, me estremeció- fue que tanto él como su bebo me conmovieran por partida doble.

Noviembre del 2013. El ómnibus que recorrería la ruta Habana- Cienfuegos para el Encuentro Nacional de Cronistas estaba a punto de salir cuando llegó Charly con un papel doblado en cuatro. Era un telegrama, dijo, que debería ser leído en el evento, al cual él no podría ir porque su esposa pronto daría señales de parto.

Pero lo que me extrañó –y estremeció- no fue que Charly no fuera a Cienfuegos (aunque teníamos muchas expectativas de verlo participar por primera vez). Mis alarmas se activaron justo en el momento en que, entre tantos cronistas ahí reunidos, se abrió paso hasta mí para entregarme el papel y con él la honrosa misión de leer su comunicado.

De más está decir que cuando llegó la hora de leer públicamente y con micrófono delante el mensaje de Charly, mi cuerpo tembló como si yo estuviera más próxima al salón de parto que la misma Eliurka. Solo atiné a justificarme con algún argumento impreciso. Me disculpé y alegué que no esperaba que Charly Morales me diera a mí sus letras, que él es uno de los cronistas que más admiro y disfruto leer, y tener aquel papel en las manos me sacudía más que un terremoto.

Casi al fondo del auditorio escuché la consoladora voz de la profe Miriam Rodríguez Betancourt con un: “Te entendemos, hija”.

Mayo 2014. Con un mensaje Charly anunciaba que estaban en mi ciudad, e invitaba a conocer al bebo.

Me puse el único vestido naranja que tengo, color del que según Charly es el mejor equipo del mundo, su Villa Clara. Todo para que el niño se fuera acostumbrando al colorcito, aunque sé que para descalabro del padre, el hijo gustará del azul intenso de la capital.

Me corté las uñas hasta el borde de la piel, para no rasguñarlo al cargarlo, y no utilicé perfume, por si era alérgico…

“¿Cómo se llama? Como siempre le dices bebo…” “Carlos Enrique, como yo” “¡Ya sabía yo que ibas a inaugurar una dinastía!”

Entonces, una vez más Charly y su bebo me conmovieron. La presentación, mientras lo volteaba hacia mis brazos, fue con palabras: “mira, bebo, ve con tu tía Leydi”.

Tía. Yo nunca había tenido en mis brazos a un sobrino.

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Windows ExcelA veces –bueno, generalmente, debo admitirlo- mis neuronas no hacen contacto en la dirección que debieran. Seguramente por eso soy tan despistada.

Recientemente sostuve una conversación telefónica con el tutor de lo que alguna vez será mi tesis.

El primer traspiés fue no identificarlo y casi colgarle el teléfono. El segundo, sincerarme al extremo de admitir que no he adelantado la investigación porque “tengo pendientes algunas cosas que escribir para mi blog, que lo tengo abandonado”… Y mencioné un post para el bebo de Charly Morales, otro por mi hermano que se graduó…

Decididamente ya él estaba bastante abrumado, impactado (y una serie larga de participios terminados en ado) cuando sin piedad le solté lo tercero.

Él me pedía con urgencia le enviara el Excel que yo debí entregarle hace meses. Luego de explicar de veinte formas posibles de qué se trataba, porque yo no me daba por aludida, le respondí:

– ¿Ah, eso que tú me estás pidiendo es el bichito verde?

No imagino su rostro al otro lado del teléfono. Demoró en coordinar otras palabras.

– Leydi, es un Excel.

El término quedó simplificado en mi léxico a: “es una cosa verde en la computadora que se lleva mal conmigo porque sirve más para números que para letras”.

Desde el otro lado él debió utilizar una dosis de su paciencia (tal vez una sobredosis) para sobreponerse a mi terca chiquillada, e informarme de un acuerdo (casi de colaboración mutua) que yo supuestamente debo cumplir sin solicitar reformas:

1- Escribir en una sola botella todos los temas pendientes y recesar el blog por un tiempo.
2- Él no revisará otra línea de la tesis hasta que yo no envíe el Excel con toda la información.

Y para garantizar que yo había entendido, asumió poses de maestro que necesita grabar – con una última pregunta- la lección en la mente del alumno:

– “A ver… ¿Qué me debes enviar urgentemente?”

– ¡El bichito verde!

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caricatura-villaclara-industriales-12

Caricatura: Medro Méndez (de Melaíto)

¿Qué vas a hacer si Villa Clara gana el primer lugar? Y como sabe que eso es algo grande para cualquiera que viva en esta provincia –incluso para muchos de quienes no viven aquí- se queda esperando mi respuesta.

¿Qué vas a hacer? Y aunque la interrogante me resulta similar a la indecisión de la Cucarachita Martina con un centavo, no sé qué haga… Tal vez no me había puesto tal situación, o será que nunca he hecho nada, porque desde que tengo edad de celebrar algo más que los cumpleaños, mi equipo no gana.

Después de tantos años, si el equipo esta noche, o la noche del miércoles, o una de las noches de esta semana… vence a Matanzas y se corona campeón de la pelota cubana, confieso que en la primera persona que pensaré será en Charly Morales.

Sí, en un tal Charly que dice que el estadio Sandino es su templo y que ahí se va a meditar, a rezar casi, a disfrutar cada jugada, y a sufrir. Un tal Charly que nunca ha perdido la fe en su equipo de béisbol aunque este quede en segundo, cuarto o quinto lugar.

Un tal Charly que me dijo una vez: “Villa Clara no gana la pelota desde mi Secundaria, y para mí es y será el mejor equipo del mundo, porque el amor cuando es de verdad no admite teoremas…”

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Hablábamos de él, pero él no estaba presente…No pudo siquiera discutir esta o aquella opinión.

Él, Carlos Manuel Álvarez, acababa de ganar el Premio Calendario. Ninguna de las dos escribimos a tiempo sobre eso…. Un tal Charly se nos adelantó y nosotras somos incapaces de disputarle a Charly el derecho –o el izquierdo- de ganarnos en esa contienda.

Pero en esta otra estábamos seguras de no perder…

Yaima, la muchacha de los Tintineos, sin proponérselo tuvo que mediar entre ambas. No nos apostamos el diseño del blog –y eso que de cuantos leemos y seguimos, los únicos similares en diseño son los nuestros.

No nos apostamos el café, ni los vasos de ron con cola que vaciábamos en ese momento. Ni las rositas de maíz que casi no saltaron, ni las galletas de soda. No nos discutimos nada de eso, sino un pedazo de cariño de alguien que estaba en ese momento tal vez inventando alguna crónica obscena.

Hablamos de él con soltura hasta que yo mencioné que él es “uno de mis Carlos” y ella: “no, que es mío”. “Sí, pero yo escribí de él y tú no…” “No importa, pero es mío”. “¡Mío!”

Y ya los ojos a la N se estaban poniendo fulminantes, y ya las botellas iban a comenzar a lanzarse –y no al mar- cuando algún Tintineo preguntó: ¿por fin de quién es? Y la risa nos salvó de cualquier respuesta: “bueno, en verdad Carlos es de Carla”.

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Canova_Antonio_Cupido¡Pero si al menos hubiera
una trampa, una manera
de quedarse en el pecado!
Alexis Díaz-Pimienta

Charly llega y me dice de su día, de su trabajo, de sus impresiones. Llega y me roba la computadora por unos minutos, porque necesita enviar pronto un correo.

Llega y me dice que ha pasado por una librería. Llega y me confiesa que ha pecado. ¿Qué? Sí, niña, que he pecado: entré a una librería y compré tres libros que quería. Me dice los títulos y añade: eso es pecar.

Qué bueno, entonces soy pecadora y lo mejor, ¡todos mis amigos lo son!

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