pliegues

Vio su habitación: colorida, intensa, como acabada de salir de un cuadro de Miró. Observó a su alrededor y sonrió con ese amanecer. Le gustaron los colores, la mañana, la habitación… El día antes había soñado con hacerlos duraderos. Perdurables. Quiso atrapar ese instante también en un cuadro… pero no sabría qué hacer pincel en mano.

Volvió a sonreir, pero ahora con más nostalgia y torpeza que en la última sonrisa. En su rostro había arrugas. Recordó la última luna, y el último amanecer sin esos pequeños pliegues. Quiso recuperar su tiempo, “…pero ya no era ayer sino mañana”. Un día más. Maldito Miró. Bendito Miró.

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